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Yendo al centro de la cuestión, suponer que es el mismo capital «golondrina» que ingresa a la renta fija como al mercado de riesgo puro -acciones- es mezclar la hacienda de manera formidable. Más allá de que la simple palabra «especulación» no es una mala palabra, sino una palabra mal utilizada y con una triste leyenda que arrastra por siglos, no resulta lo mismo -en absoluto- que un dólar venga a tratar de hacer negocios financieros, arbitrando con las tasas y un tipo de cambio cuasi fijo, que aquel otro que pueda tomar posiciones en acciones, donde no existe seguridad de que vayan a subir los papeles ni se cuenta con ninguna renta segura y se corre serio riesgo de llevarse menos capital que el que se colocó inicialmente. Esto le sucede tanto al inversor nacional como al que se atreve desde afuera a incursionar en nuestra plaza.
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