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Hablar con operadores en el atardecer de esa última sesión de la semana era encontrar a gente a la que uno de inmediato le pregunta: «¿te pasó algo?»... presuponiendo alguna gripe precoz, o cierto problema inesperado que lo aquejara.
No está en los libros de texto, ni en los de análisis sobre la inversión bursátil, pero si nos preguntan qué preferimos, siempre habremos de preferir al participante enojado, que al desconcertado o deprimido. Aquello mantiene una energía vital funcionando a pleno, para después prepararse y dar otra batalla. Lo otro es lo que aplasta al hombre, le resta deseos de dar lucha, la desazón -en muchos casos- termina por mellar voluntades y hacer de un comprador entusiasta, un vendedor resignado.
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