13 de octubre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Algunos lineamientos, de distintas consultoras, o analistas individuales van dejando traslucir qué es lo que puede esperarse después del «Día D» -el de las elecciones- y aquello que comentábamos sobre la verdadera preocupación que debe tener. La «técnica» ofrece utilidad para advertir qué puede suceder en lo inmediato, pero no se nutre de intuiciones, obra en función de las variables concretas que hacen la tendencia y aplica -también-los hechos que se van dando en cada tramo. Para lo que hablamos, importa mucho más tratar de juntar piezas, filtrar de todo lo que se lee y proyecta y armar un tablero sobre algunos puntos esenciales: hacedores del tipo de Bolsa que vamos a tener más allá. Seguramente que en estas semanas se irán sucediendo las proyecciones respecto de qué cabe aguardar de lo político, de lo económico, por ende, de lo financiero. Y sin olvidar el aspecto social, muy impregnado nuevamente de lo gremial. El descaro con que el señor Moyano pretende que tales aumentos no contribuyen a fomentar la inflación es sólo una muestra más, que se reproduce desde lo estatal hasta lo privado. Y que ha terminado por torcer el brazo de funcionarios y gobernantes; hasta aquí: necesitados, unos y otros, de llegar con clima calmo al acto electoral. Después, se verá... Y mejor que se vaya viendo, antes de que se haga realidad lo que predijo -en entrevista para nuestro diario-el economista Abel Viglione. La frase del título de la nota resulta suficiente: «Para marzo, discusión por salarios puede ser salvaje».

 
Por otra parte, el mismo día, Ambito Financiero dio a conocer el informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino, donde se da cuenta de otro título sugestivo: «Suben los precios y ayuda al superávit». Lo de ayuda nos hubiera gustado más encomillado, porque seguir tal secuencia como elemento favorable termina después por ser el germen de la explosión inflacionaria. En este escenario, probablemente en 2006 -según se dice- tal actuación dispar entre aquello que se cede en incrementos salariales, devorados en parte por la suba de precios, daría un saldo netamente positivo para las cuentas fiscales.

También mencionan el «rédito político», de aquello que se ha convertido en una estrategia oficial: hacer el papel bondadoso, de conceder aumentos de ingresos, mientras el total de la responsabilidad de la inflación adjudicárselo a los empresarios (última muestra, la embestida contra supermercados; aunque sin decir nada, de igual tono, para los reclamos y aprietes camioneros). Toda estrategia, les convendría recordar a los gobernantes, tiene éxito mientras no se haga visible a los demás: desde allí, deja de funcionar. Esto se ve siempre en Bolsa. Cuando cierta ingeniosa estrategia operativa es copiada por los demás competidores, ya no sucede más nada.

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