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Y es que cuando un mandatario trasciende todo límite y va más allá de querer poner en caja una relación que considera desfavorable para su país, con las expresiones terminales de Chávez todo tipo de marco legal vuela por los aires. La amenaza de una recompra si es que los empresarios no se avienen a sus designios, pintan de cuerpo entero un principio autoritario y ya inmerso en un sistema, que resaltó el estrepitoso fracaso del siglo XX. Como se sabe de varios trasnochados que suelen tentarse con tales ejemplos de patoterismo contra el capital privado, el caso Techint en Venezuela debe estar bien presente para que algún arranque de igual índole no surja en nuestro medio. Menos cuando se está solicitando inversión privada a viva voz y cuando se viene de algunos casos confusos en las relaciones de gobierno y grupos de privatizaciones: al punto de que algunos abandonaron de modo definitivo sus activos en el país.
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