21 de noviembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Para el ministro de Economía, algún sector es «setentista», otro es «noventista». Falta informar acerca de a qué década pasada pertenece su singular modo de realizar «política económica». O, acaso, se trate de fundar un método que corresponde a una década por venir. Del enfrentamiento con la COPAL han quedado registradas frases, conceptos de fondo, que son para la galería de lo histórico. Lavagna está dispuesto a negar rotundamente que cualquier medida que tome el gobierno altere las reglas de juego. Su modelo de «política económica», tal se deduce de sus dichos, es poder variar de manera súbita y unilateral cualquier marco, y normas en práctica, que les otorguen pautas de referencia a las actividades económicas.

Pagar bonos de deuda al margen de condiciones de emisión, y acorde con las necesidades del emisor, pudo haber resultado su muestra más testimonial. Subir retenciones sin límite alguno, acorde con las necesidades o deseos, es otra. Utilizar igual receta con la pretensión de controlar subas de precios es un agregado de última edición. Interpretar que se haga lo que se haga, esto no altera seguridades jurídicas, o reglas de juego, impone a todo el empresariado un mensaje tan claro como no se lo había escuchado hasta el momento: las reglas que aparezcan en convenios, acuerdos, negociaciones, podrán tener un ciclo de vida a expensas de lo que resuelvan las autoridades que ejerzan el poder en cada época. Por contrapartida, periódicamente se eleva la queja de la falta de inversiones y la necesidad de ellas. Lo cierto es que para concretar inversión de cierta magnitud, se debe disponer de un capital de altísimo riesgo.

Pero, en tanto, los gobernantes se mueven a gusto y placer. Si se precisa financiamiento y no viene naturalmente, pues se utilizan recursos que estaban previstos para otras realizaciones. O se vuelve a llenar los Fondos de Pensión de papeles de deuda, cuya garantía de que se cumplan las condiciones de emisión estarán a expensas de lo que lleguen a resolver los funcionarios. Curiosamente, el ministro acusa a los empresarios de practicar una política del «toma todo». Y de «no haber aportado nada a la sociedad, a pesar de que les mejoraron los ingresos...» (?).

Nos preguntamos si el inversor, administrador de carteras, tiene bien en cuenta el cúmulo de señales que han bajado desde una simple conferencia de prensa en Rosario. Cualquier proyección que se realice sobre los sectores cotizantes puede verse radical y súbitamente aniquilada, por la aparición de una de las medidas que se denominan como «política económica». Salvo las normas contables, afortunadamente inmutables por ahora -aunque ya falsean la presencia de la inflación en los balances-, todo lo demás que rodea al marco de actividad de las sociedades estará en grado «condicional». Mediano y largo plazo: una aventura.

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