3 de enero 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Decíamos, en el final de ayer, que estábamos en un muy buen trimestre -estadísticamente demostrado con el pasado de los últimos quince años avalando tal calificación. Pero todo termina por tener un «pero», cada vez que los inversores han creído encontrar las llaves del éxito bursátil perpetuo...

Y es que, al realizar predicciones para el futuro, utilizando sucesos del pasado, suelen resultar totalmente inservibles. A la ciencia, en sus ecuaciones, esto le ha resultado. Así muchas veces. En la Bolsa, ni hablar.

Aunque el pasado que le describimos parece resultar tan contundente en las bondades notorias de enero y marzo, con un febrero equilibrado, no se apresure a sacar cuentas con su cartera. Ni aumente una inversión. Podría haberse dado una serie de coincidencias favorables, en cuanto a expectativas o a estímulos, que han tenido plena incidencia en estos meses a lo largo de un número de años. Tampoco hay que suponer que los «diez años buenos», por sólo cinco malos, han resultado de modo consecutivo. Los negativos se mezclan en cualquier momento, sin ningún tipo de ritmo acompañado. De todas formas, la estadística siempre nos genera cierta inquietud y, especialmente, cuando hay saldos muy diferenciados en la dirección del mercado. A uno le da cierta sensación de alivio estar parado en un trimestre benigno -desde el pasado- que en otros agresivamente contrario. ¿No es así?

 
Y si los científicos son mucho más rigurosos, como para considerar que el pasado no sirve casi para predecir el porvenir, el hombre bursátil resulta totalmente opuesto.

Vivimos de la ilusión porque el papel que se compra suba en el futuro, sobre los precios actuales. O no compraría, claro. Adopta ciertas cábalas, busca una serie de relaciones estadísticas, procura descubrir zonas aptas y peligrosas. Sabe, porque es la base del juego, que la Bolsa depende de lo que suceda en el contexto para deparar sus saldos, que sólo los refleja. Pero, igualmente, indaga en cuanto instrumento se otorgue una palanca para apoyarse (técnica o fundamentalismo) y se lanza a la nueva aventura. Que, en definitiva, constituye la esencia de lo bursátil.


Navegar, surcar aguas extrañas y descubrir en qué terreno ha terminado por caer. Sabemos que a muchos les sirve enterarse acerca de la secuencia de determinados meses, en función de los precios del mercado. Y no eludimos hablar periódicamente de ello, porque todo es útil: en la medida en que se lo tome
sin adicciones. Y mucho menos, que se crea, por algún acierto consecutivo, que ha conseguido esa llave de la victoria permanente sobre la Bolsa. También se sabe, desde mucho tiempo atrás, que predecir el clima es nada más que una ilusión, pero el boletín meteorológico persiste. Y nosotros lo consultamos. Festejemos los aciertos, disculpemos los errores.

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