Cupones bursátiles
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Y si los científicos son mucho más rigurosos, como para considerar que el pasado no sirve casi para predecir el porvenir, el hombre bursátil resulta totalmente opuesto.
Vivimos de la ilusión porque el papel que se compra suba en el futuro, sobre los precios actuales. O no compraría, claro. Adopta ciertas cábalas, busca una serie de relaciones estadísticas, procura descubrir zonas aptas y peligrosas. Sabe, porque es la base del juego, que la Bolsa depende de lo que suceda en el contexto para deparar sus saldos, que sólo los refleja. Pero, igualmente, indaga en cuanto instrumento se otorgue una palanca para apoyarse (técnica o fundamentalismo) y se lanza a la nueva aventura. Que, en definitiva, constituye la esencia de lo bursátil.
Navegar, surcar aguas extrañas y descubrir en qué terreno ha terminado por caer. Sabemos que a muchos les sirve enterarse acerca de la secuencia de determinados meses, en función de los precios del mercado. Y no eludimos hablar periódicamente de ello, porque todo es útil: en la medida en que se lo tome sin adicciones. Y mucho menos, que se crea, por algún acierto consecutivo, que ha conseguido esa llave de la victoria permanente sobre la Bolsa. También se sabe, desde mucho tiempo atrás, que predecir el clima es nada más que una ilusión, pero el boletín meteorológico persiste. Y nosotros lo consultamos. Festejemos los aciertos, disculpemos los errores.




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