Un 3,7% en el curso de 2003, en torno de 6,5% en 2004, más de 12% en 2005. De creerle a la secuencia, y de tirar «proyecciones» como acostumbran analistas de mercado, salta sólo que la inflación de 2006... debería estar ¡encima de 20%! El trienio no indicó una duplicación anual exacta -o sería para pensar en 24%-, pero se movió el acopio inflacionario como en aquel cuento del grano de maíz, duplicado sobre cada casillero del que parece tan sobrio tablero de ajedrez: al duplicar en el último, la cifra es monstruosa.
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Sin embargo, y haciendo gala de las condiciones versátiles que asisten a funcionarios oficiales, al hacerse el anuncio de diciembre -y el año- un mensaje adjunto lo pasaba como «bueno»: esto, porque -según tal vocero- se estimaba que sería mayor. Increíble que no se exista un solo gesto de preocupación a la vista, en quienes deben velar por la estabilidad económica, y a pesar de estar funcionando con índice de hasta tres veces la inflación de otros de la región. Se contentan con vender ese concepto de pasar por «bueno», lo temible. Ya que fue bueno, pues demos rienda suelta a los pedidos de mayores gastos públicos, dejemos que todos los sectores soliciten mejoras, y no se las neguemos.
Mientras tanto, algo que súbitamente parece olvidarse, el dólar ha hecho pie unos escalones más arriba. Y quedó lejos aquel discurso diario de decir que si el Central no intervenía, se caída de $ 2,90. Interviene nuevamente, pero consolidando ese piso de $ 3,05 y otorgando con ello otro pasaje a la inflación, con los insumos básicos que tengan que ver con el dólar. Como si se hubiera conformado un circuito donde se piensa en recaudar más, en pesos, aunque se exponga a la economía a marcas de inflación que ya ahora son muy riesgosas.
La «línea K», tan afecta a desempolvar bibliografía de los '70, bien haría en repasar los capítulos de los estados inflacionarios argentinos y cómo se llegó a la «híper». Tampoco hay mucho batir parches de analistas no oficiales, haciendo hincapié en que ya el proceso tiene la mecha encendida y el mecanismo de relojería comenzó la cuenta regresiva. Hablar de 12% con total indiferencia -y sabiendo que la inflación de mostrador, efectiva, es mucho mayor- es lo mismo que hacían viejos gobernantes, que fueron consolidando los escalones hasta que el monstruo se los comió.
Por ahora, todo es demostrar lo bien que vamos (en un contrasentido con las facultades de «emergencias») y pasar el verano regodeándonos con lo que gasta el turismo. Desde lo bursátil, decir que el mercado subió en apoyo y festejó por el pago al FMI, un argumento que no existió para nada en el ambiente. Hay que reconocer una buena fábrica de prensa oficial, irrigando sobre la opinión pública. Que parece creer.
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