Corrieron pocas ruedas del tren bursátil de 2006, pero ya pueden buscarse algunas variantes de unas a otras.
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De entrada, pareció que en el mundo, aparecían cantidad de «fichas» de las grandes, para volcar a los activos accionarios. Y se visualizó un saltar en punta, de las plazas donde la liquidez plena puede decirse que mora continuamente. Cuando desean entrar posiciones importantes, el mercado se hace un embudo y, más allá de rubros y condiciones, habrá no más de media docena de títulos donde el abastecimiento está asegurado. Pero casi de inmediato sobrevino un arrugue de órdenes y sobresalió otra faceta, aquella que mueve a papeles de una dimensión inferior, mientras los grandes se llaman a recato. Por el momento, la invasión de grandes operadores resultó solamente como para abrir el juego, las «primeras dos bolas» del nuevo ejercicio, retornando luego a los volúmenes más discretos y al avance de papeles de menor liquidez. Probablemente haya también despuntado el rasgo, para nosotros equivocado, de comenzar a jugar con el cuento del «atraso» y mover piezas: en función de las que más se distanciaron primero. Una suerte de querer recomponer «precios relativos», que conlleva a la idea de hacer evolucionar como una masa a todas las participantes. Un rasgo muy propio de nuestro mercado y donde hasta se puedan conseguir diferencias de primera, con papeles de segunda... y balances de tercera. Si todo se ciñera, simplemente, a que se mantengan las distancias permanentes entre las opciones de inversión, todo resultaría sumamente sencillo. Pero no es así de simple el poder forjar una cartera sensata. Aunque, por muchos pasajes buenos, esto dispense resultados favorables.
En la Bolsa, hay que pensar siempre en el ataque y procurarse beneficios. Pero sin descuidar que si toca una racha de contratiempos e inclemencias, el listado sea capaz de transmitir que uno posee una cartera de calidad. Después de los sucesos de la crisis, un gran desbarajuste se produjo en el parque empresario y en las virtudes accionarias. Todavía nos preguntamos cuándo habrán de volverse a normas y marcos razonables, todas las reglamentaciones que se tuvieron que flexibilizar, para que no ocurriera un desastre mayúsculo de títulos impedidos de cotizar. Y si se revisa bien, hasta entre la nómina líder se hallan papeles que no deberían estar allí: al menos, hasta colocar sus asuntos con el debido orden y soluciones definitivas. Sociedades que poseen varios capítulos de cuestiones judiciales, patrimonios netos negativos, un camino por arriba del alambre: y si algo las descompensa, o no sale como piensan, pueden irse del otro lado. En la Bolsa de antes, la de los números históricos y sólo algunos ratios básicos para evaluar, saltaban a la vista «buenas» y «malas». Hoy, todo es un jardín confuso y se debe tener cuidado para seleccionar. Informate más
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