11 de enero 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Empresas que están a expensas de medidas inesperadas, de gobernantes imprevisibles, ya llevan sobre sí una «mochila» extra y -posiblemente- mucho más cargada que toda cuestión que haga referencia a su rubro, su condición propicia o desfavorable dentro de la economía y a la preocupación que está en la vidriera: el progreso de los costos sobre los márgenes.

Cualquier sector, en conjunto, o sociedades y grupos individuales que caigan bajo las iras oficiales pueden ser penalizados en un gran abanico, que va desde las retenciones a las exportadoras hasta fuertes multas a las que se mueven en el mercado interno. Sin ningún tipo de análisis abierto, ni de poder ejercer las debidas defensas. Inclusive apelando a períodos que pueden ser actuales o de una década atrás, el rótulo de «cartelización» o de «monopolio» es una espada sobre la testa de todos los directorios. En la medida en que se esté más cerca o más lejos del poder corresponde aplicarle un desagio a tal riesgo o potenciarlo.

Y así, otro elemento, insólito, habrá que incorporar si se habla de evaluar acciones/empresas en función del porvenir que posean. Establecer en qué medida está la firma incursa dentro del círculo de amigos o de supuestos enemigos de quienes tienen la facultad de hacer pesar el poder que detentan. Que lo detentan, es decir, no es un lugar adquirido y solamente temporal, pero que lo ejercen como si todo fuera de su propiedad.

Gobernantes que acusan abiertamente a empresarios de «ganar mucho» o de «no invertir» en el país, pero que poseen lazos directos con una provincia que había enviado sus fondos afuera. Que amagó varias veces con repatriarlos, pero que, se difundió, en realidad solamente trajo una quinta parte. Y un grueso de ello, unos 300 millones de dólares, estaría colocado... en Estados Unidos. A partir de impartir órdenes, pero no de irradiar ejemplos, todo lo que depende de normas y reglas de juego para las empresas permanece en lo condicional.

 

Y si se reúne con los otros elementos que describíamos días atrás, el ejercicio de decir a ciencia probable si las acciones/empresas están «caras» o «baratas» pasa a resultar un acto de magia. Con tal de salir en un diario, se sabe que casi nadie niega una opinión, pero con bases tan precarias en sus considerandos y guardándose de no criticar a los mandamás que solamente aportan confusión al inversor desprevenido. ¿Cómo se puede ponderar un intangible tan pesado como lo es el que pueda caer un escenario totalmente distinto y adverso a un sector o a una empresa? Si alguien puede responderlo habrá logrado poder emitir ciertos pronósticos con algo de seriedad. «Gurús» sobran, vienen sobrando desde hace muchos años, siguen vigentes casi los mismos nombres. No se cansan de emitir opinión sobre todo, de equivocarse y volver a intentar... ya con bastante descaro.

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