10 de abril 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Un recurso que es habitual en las compañías, que se observa de modo frecuente entre las cotizantes, es el que cambia deuda de corto plazo -a un año- por otra de mediano o de largo recorrido. Un modo ortodoxo de oxigenar el ratio de liquidez y darle más espacio a la sociedad para cumplir con su labor, sin tanto quebradero de cabezas para estar pensando en los compromisos del mes por mes. Se trata de un mecanismo sencillo -si es que se goza de cierto crédito y prestigio como para poder concretar el deseo- y que no contiene nada de magia financiera, ni siquiera resulta «ingeniería». Poseer el pasivo concentrado en un plazo, o en los otros, no varía el endeudamiento total. Podrán existir ventajas adicionales, según la repactación, las tasas, que se pueden haber conseguido. Pero, insistamos, lo que se debía se sigue debiendo: por más que varíen plazos y nombres de acreedores. Claro, esto vale tanto para la economía de una empresa, de una familia... y de un país. Lo que nos mueve a reflexión es notar de qué modo tan fluido vuelven a mencionarse « emisiones» de deuda por miles de millones de dólares.

Tanto la que se llevó el ambiguo Chávez -¿será deuda amistosa?- en formato de bonos como la que ahora se anuncia que se procurará colocar en el mercado internacional van sumando y sumando...

Como para que el tan publicitado pago al FMI quede nuevamente «vivo» en lo que hace a las cuentas públicas globales. Se dirá que los términos cambian, que los plazos serán otros, pero el verdadero efecto pasa solamente por oxigenar el corto plazo. Además, toda deuda nueva que transcienda los plazos del gobierno que la emite estará dejándole el nuevo paquete a los que vengan. Una de las quejas de más rating, que cada autoridad entrante achaca a las de atrás. (Pero, que no titubean en hacer lo mismo.)

Pagar por una ventanilla y emitir las mismas sumas -o más- por otras aledañas no implica ninguna merma de deuda total. Y deja también claro que el verdadero motivo del esfuerzo con el Fondo pasaba por quitarse a los « auditores» de encima y alejar el riesgo de que los técnicos foráneos objetaran las políticas económicas. No pasará mucho para que algunas se pregunten cómo es que, pagando deuda, se deba más que antes. Y cuando se hace tanto hincapié en las reservas, en el superávit, en las recaudaciones que crecen, será más difícil de entender: y allí es donde entra en juego «la respuesta política». O la de funcionarios, que darán referencias a que es mucho mejor endeudarse de nuevo que gastar de lo que se consigue de «utilidad».

Hay empresas que han evadido el endeudarse, que proyectan y hacen con recursos propios, que han aprendido de los ciclos argentinos. Otras, vuelven al circuito del apalancamiento. El tiempo dirá...

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