27 de julio 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Cómo se puede gobernar dentro de una fase del ciclo económico donde casi todo parece relucir y, al unísono, lograr que la sociedad viva en una permanente sensación de incertidumbre. Y de certidumbres preocupantes, como el tema de la inseguridad o los permanentes conflictos -ahora con el campo- que parecen como autogenerados.

Es difícil hallar respuesta más contundente que la que se está viviendo en este período y que siempre hace temer por lo que pueda venir si es que el ciclo -y todos lo hacen- ingresa a una zona de madurez y/o declinación. No hay casi nada donde se pueda advertir que existen la solidez y la convicción, tampoco la alegría que debería derivarse de una salida veloz de lo que resultó durísima zona de crisis. Se vive en un estado de tensiones perennes, donde las causas se amontonan -o se agregan unas cuando fenecen otras- como para impedir que la fase bien favorable se transmita en una energía social, que engendre las faltantes -como inversiones reales- y bocete los proyectos imprescindibles, y sensatos, para que la zona virtuosa del ciclo económico sea aprovechada al máximo. Y no desperdiciada, como en tantas otras páginas de nuestra historia.

La sensación de ese universo nacional temeroso, indeciso, a la defensiva, es la misma que se refleja en el espejo de la Bolsa. Solamente pendiente de encontrar alguna señal de afuera, como para ensayar reacciones cortas, huérfana de apoyo de volumen razonable. Llevando los precios hacia arriba, pero en oposición a las relaciones básicas de un mercado que debe aunar índice y negocios en la misma dirección. Si el volumen se contrae, está restando crédito a la suba de cotizaciones: es como si dijera que esa mejora es prestada, ocasional, pero sin responder a una corriente de inversión de tendencia.  


Y en qué medida los gobernantes advierten esto y obran para que, no ya la simple Bolsa, sino la sociedad, tome partido en lo que puede ser una recuperación sostenida y la vuelta de algunos ideales perdidos hace mucho, es lo que no aparece. Casi, aunque suene a un absurdo, se produce lo contrario. Y se prenden más foros conflictivos, aun donde no existían. Se continúan cavando trincheras, en lugar de tender puentes. Como queriendo dar la idea de que hay un grupo de « iluminados», que desean demostrar ser los poseedores de las estrategias prodigiosas. Al campo le quitan con una mano y le anuncian darle créditos -a baja tasa- con la otra: darle lo que era de ellos, pero en forma de crédito y de Estado benefactor. Como quien decía: «Te quito el reloj, pero te diré la hora...». Lo bursátil, en este valle de negocios, refleja de lo peor del año (más allá de índices).

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