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18 de septiembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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En el mercado, y en las empresas, se vuelven a plantear enigmas con dos campanas: si alcanzará la energía, si es que se puede hablar de una situación crítica. Si lo que aseguran oficialmente, y lo que se afirma desde el exterior, acaso pueda constituir un promedio de la perspectiva real. Si se produce una demanda superior, con una oferta que no es elástica -concluyen de modo simple, en el Departamento de Energía de Estados Unidos-, esto debe determinar el caer en un pozo energético sin solución a la mano. ¿A quién creer? Frente a la duda, y más allá de que los empresarios poseen su propio estudio de campo, probablemente lo que se detenga sea todo intento de subir producciones. Mucho más quedarían en suspenso ciertas ampliaciones de plantas, que no tienen ni por asomo asegurada la provisión energética. Así, se va en camino de un período veraniego con los perfiles de resultar tensos, como a la espera de que lo indeseado llegue a suceder.

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Complicado escenario que impregna lo bursátil, en lo que hace a no poder sostener estimaciones realistas sobre producciones, ventas, e ingresos. Como para decir que el núcleo de donde parten las utilidades resulta ser una caja de sorpresas.

Y todo es así hoy en día, desde estar con expectativas por cómo le vaya a los índices norteamericanos, qué le sucede a Wall Street, cómo pasa por Brasil y de qué manera lo recepciona el Merval. Hasta vivir con la incertidumbre de variables tan básicas como lo es el saber si habrá -o no-energía necesaria. Que el panorama hay que desdoblarlo, sabido que a residencias y pequeñas compañías se les aseguró el suministro en función de dejar flotando a las grandes firmas y enviarlas a conseguirse lo suyo, como puedan.  


Parece que el solo enunciado de tal medida tomada y anunciada impone un estado bastante crítico: salvo que se considere que la industria madre sin suministros naturales, pueda ser una condición normal de cualquier país. Habría que ponerse a discutir, tanto como para matizar la espera, a qué se le puede denominar «crisis» y cuáles serían los estados previos a una situación tan drástica.

A falta de otros asuntos, capaces de surgir imprevistamente, los últimos meses del ejercicio tienen determinados sellos puestos sobre ellos: aquellos ratios económicos, con su incidencia en la Fed, y lo que pueda proseguir hablándose del problema energético. Uno de afuera, otro bien local, que serían terrible enemigo de la inversión si deciden asociarse en su versión negativa. O dando chances de poder soportarlos, si es que hay una buena y una mala. En definitiva: el trayecto de todo el año.

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