21 de septiembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando un país entra en verdadera crisis, todo ingresa en ella, la gente anda penando, las empresas sólo se cuidan de no caer en la quiebra. Las inversiones se paralizan, los planes se postergan y todo parece entrar en una espesa neblina. Con la escasa demanda, lo poco que se prosiga produciendo alcanza. Y hasta parece sobrar. Después, se va saliendo lentamente, salvo que se posea la fortuna de engancharse en un ciclo mundial que actúe como locomotora de arrastre, permitiendo emerger del valle a una velocidad impredecible. A trazo grueso, podemos decir que tal proceso es el que nos tocó atravesar en estos años. Y ahora hay una encrucijada con la generación de energía, que plantea serias dudas en cuanto asome el mayor consumo estacional. En nuestro devaneo de presenciar lo que se nos ocurre como actitud sensata de quienes nos gobiernan, imaginamos a nuestro presidente hablando por «cadena nacional» y reconociendo la dificultad, al tiempo que la explica con los argumentos del ciclo especial que se ha vivido.

Y culmina solicitando a la población que colabore para salir del valle y evitar derivaciones indeseadas. Problema serio, explicación a los ciudadanos, acción mancomunada. ¿Qué mejor que exponerlo?

En cambio, aparece la actitud de negar la emergencia, de asegurar lo que no se puede. Y de tranquilizar a la población, como que todos son rumores.

Y si nos dicen que nada sucederá, sabemos los argentinos cómo somos. Hasta no entrar en el atolladero, cada quien sigue con lo suyo. En la versión histórica -grotesca- nos imaginamos a un Churchill que en vez de prometer «sangre, sudor y lágrimas» hubiera expresado algo así como: «Las bombas no nos afectan, tenemos a los alemanes bajo control...». En fin...


Muchos tienden a creer que a la gente hay que ocultarle las realidades desagradables, aunque después éstas surjan solas -por propio peso- y el impacto sea mucho peor. En nuestro ambiente bursátil también sucede lo mismo, a menudo. Con gente que supone que siempre hay que buscarle la vuelta para negar que la tendencia está floja o que no hay muchas chances de repuntar. Casi les suena como una traición al sistema que los que están inmersos en él describan -con la buena fe necesaria- un escenario donde convergen señales claras de no pasar por una zona propicia.

El optimismo a ultranza, fundado sólo en deseos, hasta que van pasando los meses y los pronósticos alentadores se van deshaciendo. Para volver a insistir con más de lo mismo, con tal de no querer reconocer -a riesgo de que alguno se espante- lo que salta a la vista. Como si lo único natural fuera el alza, y la baja, una impostura. Dos caras de una misma moneda, y se puede actuar con las dos.

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