16 de octubre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Más «acuerdos» ( encomillados y compulsivos) han surgido en días pasados, colocando en blanco y negro aquello que todo observador sensato suponía y que nadie se animaba a declarar abiertamente. Esto es, que la veda, los controles, o como se lo quiera adornar, vigentes en 2006 inevitablemente irían a ser extendidos a lo largo de 2007 (año de elecciones). Lo que no se llega a entender bien es el porqué de las mentiras permanentes, casi infantiles, que los funcionarios irrigan públicamente y pretendiendo que la gente se lo vaya a creer.

Se aseguraba que era hasta diciembre, así como hace años que les postergan a las de «servicios» las tarifas, corriendo la reglamentación de semestre en semestre. Si los gobernantes quieren dejar la señal de fortaleza, sería mucho más lógico que plantearan los plazos tales como los piensan, en lugar de armar todo un circo mediático y dejando cada vez más pautas, por las cuales no hay que creerles en lo que digan. Y cuando en verdad la población deba creer en un compromiso y un dicho del gobierno, sucederá que difícilmente se lo crean. Esto es desacreditarse gratuitamente, sin ningún beneficio a cambio, consumir la reserva de confianza en la que todo gobernante debe afirmarse: la que dispensa la sociedad a la que conducen.

Seguro que en el empresariado nadie se dará por sorprendido con los renovados « acuerdos», era un hecho que todos debían hacer «la plancha» a lo largo de 2007. Lo único diferente es que el nudo vino más nutrido, incorporando ahora otra espada peligrosa: la de una «ley de abastecimiento» que fuera un tremendo fracaso cuando se la quiso dejar correr en el tiempo, allá por los 70.  


Lo concreto es que la lucha entre los costos y los precios estará en primer plano de aquí en más y las previsiones, para los que realizan proyección sobre resultados empresarios, tendrán que ser sumamente cautas: más que eso, convendrá suponer una utilidad decreciente en muchas sociedades, que ya muestran de qué modo vienen perdiendo margen desde unos trimestres atrás.

Si hablamos de un año largo permaneciendo con la mordaza puesta, mientras alrededor de los precios de venta hay una danza feroz de costos que se seguirán moviendo (y sin posibilidad de aplicar el «ajuste por inflación»): el cóctel puede resultar explosivo.

Atención con esto, porque además de complicarles la vida a las sociedades, también se la complicará a la tendencia bursátil. Con ganancias maniatadas, o en depresión, cualquier suba notoria de cotizaciones dejará descalzados a los ratios «precio/utilidad».

Y aunque se puede generar un movimiento bursátil a partir de otras variables, como entrada de dinero al sector financiero, en vez de originar crecimiento sólo alentará crear «burbujas». Y así: no sirve.

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