Hablábamos al inicio de semana del principal enemigo a la vista que tiene toda proyección sobre lo que habrá de suceder desde finales de año -la inflación- y el choque de frente entre lo que desea y exige el gobierno por el año de elecciones vs. la presión que va ejerciendo sobre el corcho, el estado de inflación embotellada. Más todavía cuando se observa a un secretario de Comercio no dejando segmento sin prevenir y amonestar ( abanico que va desde lo básico, como el pan, hasta lo de franja superior como los automóviles). Y, por otra parte, se envían señales de querer irrigar la economía y favorecer una suba del consumo, aunque sea a costillas de la suba de costos. Tarifas que estarían por retocarse, sobre espaldas de industria y comercios, no aportan a la otra pretensión -aunque la adecuación tarifaria luzca como justa- de una inflación rigurosamente vigilada. Ya se le están escapando por los costados de sus controles muchos precios, aunque la intención sea moverse con estadísticas de locales chinos, y esto promete una formidable pulseada a corto plazo.
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Si faltaba alguna otra señal/ evidencia de que no es fantasioso plantear tal escenario, pues Ambito lo colocó en su tapa del martes: «Apuestan ahorristas por los bonos con inflación»... Y cuando se habla de «ahorristas» se sabe que no se trata de ninguna Doña Rosa, sino de aquellos que se mueven de modo profesional (y porque la propia característica de inversión en tales activos lo requiere). Pensar que es simple casualidad que la corriente de compra se dirija a tal tipo de papel indexado, es casi como caer en la credulidad más cruda.
Hay nubarrones que prometen «jaleo» en el horizonte cercano y si se lo quiere relacionar con lo accionario: pues que tal tipo de activos se utiliza, en la época moderna, como bien de reserva ante la inflación (antes, más o menos hasta 1975, el inversor huía de acciones hasta que comprendió que el valor de los activos empresarios resultan un buen refugio). Pero el caso es que a cierto plazo a nadie favorece un escenario con inflación, porque la sociedad misma se descalibra desde las bases y se termina en zonas desgraciadas.
El mismo martes, desde la tapa de este diario, apareció una muy buena nota del colega Carlos Pagni y referida al silencio oficial respecto del anuncio de George Soros de ingresar a pleno en SanCor. A un gobierno que se pasó estos años despotricando contra los «fondos buitre» seguramente que el sobrevuelo del mayor buitre de las finanzas modernas (recordar sus feroces ataques contra las monedas, haciendo tambalear no ya mercados sino países) no podía ser festejado. Pero, como siempre, todos los que adquieren activos oficiales -como bonos- en el tiempo que conviene, son «inversores». Si se los quiere estafar y protestan: se transforman en «buitres». Curiosa mutación.