8 de diciembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Lo de SanCor ya está convirtiéndose en algo más que en la simple necesidad del desembarco de un inversor, capaz de sacar a la compañía de sus problemas terminales. Porque a la fulminante aparición de Soros -a quien quizás nadie lo esperaba, atacando por este flanco- y sus u$s 120 millones de oferta, se le superpuso velozmente Chávez (otro poco imaginable, con tal interés en una láctea).

A los dos primeros se le agregó otro conjunto, especializado hasta ahora en rubros tan disímiles como pueden ser los aeropuertos. Y la novela corta se convirtió en una seriada, donde los capítulos se suceden y se van entretejiendo. Lo primero que se supuso fue que al surgir Chávez, todas las cartas ganadoras las tendría él, sabida su alta penetración mediática en nuestro país. Pero, después resultó que la oferta no pasa de 80 millones de dólares. Y, pegado a ello, que los actuales titulares de la sociedad -las cooperativas- preferían la oferta de Soros y no la del venezolano. Una razón: que con una suma pueden salir del atolladero, pero con la otra no les alcanza a ponerse en orden.

Esto, en superficie. Pero, allí intervino también la opinión oficial -que suele meterse sin que lo llamen, aun en cuestiones privadas- y que, en apariencia, no quería quedar mal parada y víctima de sus propios desaguisados verbales. Tanto hablar y apostrofar a los « fondos buitre» -con los bonos y el canje- que era duro deglutir a un George Soros -el rey de los buitres en persona- tomando una sociedad que, para colmmo, está fundada acorde con principios cooperativos. Pero, resulta que el depredador -una raza inversora- había apuntado a la presa y hecho una oferta valiosa. En cambio, el líder del izquierdismo americano y toda su carismática figura no alcanzaban a convencer con su postura monetaria. Lo que demuestra que, a la hora de la verdad, el capital es lo que convence y saca a flote los problemas, por más discursos de barricada que se quieran inyectar.  


Seguramente que las presiones habrán ido en aumento, con un sesgo oficial para que las cooperativas no den el paso hacia un emblema de «buitres», que aquí se quiere menear. Y la solución es capitalista, que el otro postulante se coloque a tono con lo que se precisa. Cuando días atrás decíamos ¡pobre SanCor!, ni siquiera imaginábamos lo que venía detrás y que ahora se ha desplegado. No queda menos que repetir la exclamación, dado que hay tantas manos en el plazo y tantos intereses e ideologías cruzadas, más todo el maquillaje político, que la salud de la empresa y su salvataje están pasando a segundo plano. Ya el asunto pasa por ver quién gana, cuando se ha formalizado una atrapante lucha entre dos extremos, y en las arenas del capitalismo.

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