Si le vamos a contar las costillas a los meses de enero de unos cuantos años a esta parte, lo que vino sucediendo resultará doblemente sorpresivo: una vez, por el presente y esa notable variante de la dirección del mercado que prometió tanto en su primera rueda del año y, después, solamente ofreció las espinas. La segunda, será desde lo estadístico y porque puede afirmarse que enero es uno de los meses del ejercicio que mejor ha tratado las acciones a lo largo de un período. Tomándolo desde el nuevo escenario que surge en 1991, momento donde se fue haciendo amplia la globalización y la presencia del capital foráneo, vemos que enero deparó 12 años con alzas del Merval, por solamente 4 etapas bajistas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Y es una realidad que debe ser considerado como segundo mes más positivo para las acciones, con semejante diferencia en sus saldos, compitiendo con la otra punta del calendario: los meses de diciembre. Una curiosidad, esto diría que el nuestro es un mercado que quema velas a dos puntas. Al comenzar y finalizar cada año se pudieron hallar las tierras más fértiles, casi con seguridad.
Solamente en 2005, y apenas por 0,11% de baja, se quebró una seguidilla de eneros victoriosos que se mantenía en positivo a partir de la última baja, en 1999. Y provenimos de un 2006 donde tuvo un comportamiento sensacional, dejando en ese arranque anual más de 16% de utilidad en el Merval.
Fue una aplanadora en enero de 2006, donde el índice terminó en 1793 puntos y ninguna semana registró un saldo negativo. El 16,2% de ganancia ponderada y un ritmo de importancia, alcanzando los $ 70 millones diarios/ promedio. Todo parecía congeniar en el final de diciembre, donde los pronósticos vaticinaban buenos vientos para los mercados, como para asistir a un enero con pose otra vez de locomotora. Claro, no se sabía de esos ratios de Estados Unidos donde otra vez aparecieron dudas sobre qué hará la Fed. Y el «camarada» Chávez todavía no daba a conocer su redoblar de marcha hacia un modelo caído en desuso, pero que desea desempolvar y ver si otros se animan a imitarlo (aunque no se bañen en petróleo).
Lo malo de los que se animan a las proyecciones y vaticinios, es que las lanzan desde una condición dada y ni siquiera se molestan en incorporar variables, o advertir sobre ellas. Con lo cual, esos pronósticos gratuitos valen exactamente eso: nada. Porque en estos días reaparecieron los miedos y las «fichas» volaron agresivas con su carga de ventas buscando salidas. Si esto prosigue así, sumamente conflictuado, seguramente que se irán superponiendo los pronósticos (como los del Servicio Meteorológico) y advertirán de lluvias cuando caigan primeras gotas. Y dejarán en el cajón de los recuerdos las otras visiones. (Los malos pronósticos, se quedan sin padres).
Dejá tu comentario