26 de enero 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Una rueda fue solamente a medias. Pero en la siguiente fue completo. Y esto sucedido no es común de ver en nuestro tan predecible andamiaje de líderes. Así que creemos que se merece una columna, como remate semanal. No se trata de algo que haya alterado la anterior composición del listado, tampoco una especie que se haya agregado.

Es lo mismo. Pero distinto. Y nos referimos a la presencia e incidencia de Tenaris dentro de la nómina Merval.

El martes, ella solita fue una locomotora de gran arrastre, con su casi 3% de aumento. Nada original, esto se lo vio en muchas de las ruedas de 2006...

Pero en tal desarrollo y su gran peso en los precios ponderados resultó poco eficaz en el aporte de volumen. Con una plaza que estaba seriamente raleada de vendedor, consiguió ese aumento importante de precios nada más que con 70.000 papeles. Y quedando solamente en cuarto término del efectivo, entre las «que definieron la rueda». Ocupó nada más que 10% de la suma total para acciones. Y esto sí resultó sorpresa, más todavía porque el volumen consiguió subir bien, a pesar de tal « defección» de la acción estelar.

Había sido de dos facetas lo suyo: fundamental para el aumento del índice. Sólo discreta en la reunión de negocios.

Y en la rueda siguiente, el miércoles, es cuando se plasmó el cuadro completo: Tenaris jugó de lastre para sus colegas del Merval y anotándose con baja, aunque el total ponderado consiguió surgir nuevamente alcista. Cabe agregar que Grupo Galicia, que otras veces actuó de compensadora con sus aumentos, también se inscribió como contrapeso del Merval. Y a pesar de todo... el índice pudo subir en 0,7%. El volumen negociado se mantuvo en términos parecidos al anterior -nivel aceptable- y con una Tenaris que volvió a verse muy resumida en sus operaciones, otras veces con sólo 70.000 papeles.  


¿Qué podemos ver de destacable de todo esto? Pues que apareció un rasgo de diversificación, que solamente puede apreciarse de vez en cuando. Una atomización de lo realizado donde varias sociedades que son líderes -pero no rectoras- se pusieron a sobrellevar las defecciones de las esenciales. Y lo que otras veces hubiera traído depresión en precios y en volumen pudo corregirse en los dos aspectos.

Dejar de ser dependiente del «unicato» ejercido por una plaza que dota al índice de su propio destino, es posible que resulte todavía una simple postal colorida, anécdota pura. Pero sería más que aconsejable que esto llegara a ser semblanza común. Y que se produzca el equilibrio más llevadero y un mercado menos gobernable por el desmesurado peso de una, dos, especies permanentes. Un mercado más «abierto», donde la demanda se mueva en terreno de muchas y no de un embudo.

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