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5 de febrero 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Es razonable que si desde la Argentina parten expertos a enseñar a otros países de la región de qué manera estafar a bonistas acreedores, los maestros ya estén en una etapa superior y pasando a otra fase del juego. Con todo lo que de modo bochornoso se ha leído, visto y escuchado acerca del INDEC: ya está tomando cuerpo una segunda instancia. Y será la que acometa contra bonistas de la nueva era, aquellos que tienen bonos que corrigen por el CER y deberán soportar los que les dicte la «inflación oficial», aunque exista la real con porcentuales mayores. Esto ya nos convertiría en «doctores» de deuda pública, capaces de abrochar incautos con bonos viejos y después implementar estrategias desleales para rebanarles una parte a los que volvieron a creer. Obviamente que el vergonzoso episodio sobre el INDEC -con empleados manifestando y hablando de dar a conocer el «índice real»- tendrá incalculables derivaciones de mayor peso que el comentado, pero solamente tomamos aquello que se conecta con el mercado bursátil con lo que atraviesa por títulos ajustables. Lamentablemente, hay que volver a presenciar que en la generalidad de los ciudadanos el tema simplemente se resbala por la epidermis. A pocos escandaliza que un gobierno retuerza la realidad, burdamente demuestre que está dispuesto a solamente admitir indicadores que estén en sus planes y sus deseos. Y si no calzan debidamente, recurrir a cualquier método -como una intervención formal, de un instituto independiente-para que los números ajusten como se quiere. Un hecho sumamente delicado, al que dudosamente se lo pueda considerar como que sea pasible de «costo político». En el llano, todo se diluye velozmente: y es desde el llano donde se emiten los votos que hacen ganar una elección.


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Lo que sí queda al descubierto es el tremendo fiasco de querer inventar, reinventar, mecanismos fracasados en el mundo, y aquí, desde décadas atrás. Tener que reconocerlo no es algo que estén dispuestos a hacer, cuando -además- toda la rueda de carrera entre precios y salarios se les dispararía los plazos, una orden directa para asumir el poder de un organismo, sin que aparezca ninguna respuesta coherente sobre qué motivos -que no sean los evidentes-llevaron a semejante decisión.

Curiosamente, en cualquier círculo social se habla de modo vehemente acerca de cómo cambian los precios de muchísimos artículos masivos: pero nadie se enoja demasiado cuando se le insinúa que habrán de mentirle en la cara con los índices. Para una semana no está mal: le echaron mano al dinero de las jubilaciones y descabezaron el INDEC. A esto se le llama un poder dinámico (como bolivariano).

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