Pormenorizada nota de nuestro colega Sergio Dattilo, en Ambito del viernes, daba cuenta del posible destino que tendrán las acciones de Alpargatas, en una versión que había dado vueltas por el recinto desde cierto tiempo atrás y que la carta enviada por la sociedad días antes -redactada por algún pariente de Poncio Pilatos- no alcanzaba a aclarar nada. Hubo que enterarse de lo serio de la operación y su inminencia, mucho más a través de dichos de un dirigente gremial textil que por parte de directivos. Todo esto, paso a paso, se desarrolla en la nota mencionada. Y da para pensar la confrontación de lo comunicado por la empresa a la Bolsa con lo que refiriera el dirigente textil Jorge González. Porque este hombre, que adelantó que la operación financiera se haría en pocos días más, afirmó que «el cambio de propiedad de la firma Alpargatas es un hecho, ya que fue confirmado por directivos de la misma firma, en Catamarca...».
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Lo manifestado no deja lugar a ninguna duda, pero sí coloca en mala posición a la directiva empresarial, que confirma en Catamarca aquello que asegura desconocer cuando informa al régimen de oferta pública. Un hecho de por sí muy grave, merecedor de actuaciones por parte de la Bolsa y de la CNV. O estaríamos ante otro caso donde se toma a los inversores como convidados de piedra, ignorando que aquellos que poseen acciones de la compañía resultan nada menos que «socios minoritarios» -socios, al fin-y que no tienen que venir a enterarse por segundas manos de todo hecho relevante. Puede que al señor gremialista se lo invite a desconocer la declaración, o decir que lo han interpretado mal. Pero recién se verá si efectivamente alguna entidad hace algo en firme para poner en blanco y negro esa dualidad de expresiones, donde se puede haber cometido un delito contra el régimen de oferta pública.
¿Sabe el lector qué es lo que más nos altera, después de varias décadas de estar en contacto con lo bursátil? Que siempre se tome por tontos a los inversores de la minoría, desde hechos muy graves sucedidos en la historia, hasta este tipo de cuestiones donde se contestan interrogantes solicitados ante alguna versión que toma cuerpo, y los que tienen la posibilidad, y la obligación de decir todo lo que saben, envían respuestas como si estuvieran en otro mundo.
¿Todos saben y los que manejan la compañía no? De allí en adelante, es como para pensar -también- en los movimientos que tuvo el papel a lo largo de los días con las primeras versiones. Sería bueno que se pueda ir colocando gente en vereda, antes de hablar de transparencias y otras retóricas.
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