Después de implementarse un vergonzoso -y no hay otro modo de llamarlo-mecanismo, a través del cual los afiliados de las AFJP con más de 50 años, y menos de $ 20.000 de saldo en sus cuentas, revistaron como una suerte de «desertores presuntos» de los Fondos Pensión: la suma final dijo que solamente poco más de 4% se quedó donde estaba. El resto, más de 1,17 millón de personas, volvió al viejo andamiaje oficial. La opinión dada en párrafos previos se forja porque el afiliado que ya estaba en AFJP no debía expresar su voluntad de pasar al Estado (el curso más lógico), sino que cada uno debía llenar solicitud, por triplicado -con todos sus datos-, sacar fotocopia de su documento y concurrir a una sucursal de Correo para presentarlo en ventanilla y que se lo sellaran. Todo esto, para decir que deseaba seguir estando; si no lo hacía, automáticamente cambiaba de régimen. Es sencillo imaginar qué se procuraba con tal realización: lo que se dio. ( Quizás, haciéndolo a la inversa y por derecha se hubiera dado diferencia similar -o no-, pero hubiera quedado más encubierta la voracidad oficial). De todos modos, es un hecho ya del pasado -era hasta el 10 de julio-y lo que viene ahora es la segunda parte de esta historia, prometedora de otras páginas.
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Porque aquí no eran afiliados que pasaban de allí en más, sino que debió efectuarse un traspaso patrimonial de esas cuentas de AFJP hacia lo que toma la ANSeS. En tal transferencia de recursos, no hay más de $ 152 millones que van en efectivo. El segmento total comprende nada menos que $ 4.653 millones. ¿Cómo van de un lado a otro los números faltantes? Pues, 2.538 millones resultan títulos públicos. Hay 1.234 millones en papeles privados. Más 571 millones en forma de fondos de inversión y 157 millones como préstamos garantizados.
Nos interesa, en especial y afín a lo nuestro, qué irá a suceder con 1.234 millones de pesos, que recalan en arcas de la ANSeS den forma de acciones. Sería bueno saber cuál será la política que se seguirá respecto de tales enormes tenencias que penderán sobre el mercado bursátil. Algo lejos en la historia, no tanto en la memoria de los que hayan visto en persona -como nosotros-lo que sucedió con las tenencias accionarias que poseyeran la Caja de Ahorro y el lamentable BANADE (como sedimento del IMIM, invento argentino a modo de instituto que tomaba acciones cuando bajaban y se llenó de papeles) que fueron devueltas de modo brutal a la plaza diaria, en momentos del «boom» de 1976 que ya se agotaba. Es aterrador pensar en eso, repetido. No hay que adelantarse, ni sembrar preocupaciones anticipadas, pero por ahora lo que se sabe es que yacen, en manos inquietas, esos 1.243 millones en títulos privados. ¿Pueden jugar de inversores, como las AFJP? ¿Están autorizados? ¿O tendrán que deshacerse de ello? En tal caso, ¿cómo?
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