13 de agosto 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Lo apuntamos a tiempo, bastante tiempo, y cuando desde febrero el mercado del Dow había trastabillado y surgían las inquietudes -que fueron disimuladas hasta por la Fed- sobre el gran problema que se venía con los créditos inmobiliarios. Que, por otra parte, también allí fue una enorme prueba de insensatez, de banqueros que ya no son de «raza», sino que activan el negocio como sea. Varias veces descalificamos esos informes intencionados -malintencionados- que iban subiendo de tono, pretendiendo aconsejar «bien» la grey inversora. Y no nos equivoquemos: esas grandes casas bursátiles, o bancos de inversión, estuvieron saliendo desde el mismo momento en que comenzaron a difundir que casi nada pasaría. Y, ya en lo último, que había que comprar acciones vendiendo bonos. Buscando, como siempre, carne de cañón para descargar del modo más sigiloso posible la mayor cantidad de paquetes, por todo el mundo. Como por aquí los que analizan son pocos y los que copian de las pantallas (y refritan lo mismo que les viene hecho) son unos cuantos, se pudo tejer toda una malla protectora sobre la tormenta que se venía. Pero, sepámoslo bien, esto que sucedió ahora, en realidad «sucedió» desde unos meses antes: lo que siguió fue una sombra y hasta donde durara. Después, el detonante iba a ser cualquiera, como lo fue la primera cartera en problemas. Los que quedaron fuera, líquidos, hace rato: son los que esperan para volver a entrar. Los hacedores de un dique de contención. Y posterior restauración.

Posiblemente esperen que fluya dinero barato, que el susto -como en Europa- obligue a que el «prestamista de última instancia» pise el palito, e inyecte liquidez bajando la tasa. Allí, el negocio será redondo. Comprando títulos caídos, con dinero barato (y apalancamientos generosos).  


  • Aterra pensar que con tanta ostentación, tanta tecnología, tantos programas automáticos, en la actualidad los mercados se manejan con la misma liviandad que en cualquier momento de la historia. Cambian las formas, las herramientas, pero lo que no cambiará es que «la codicia rompe el saco». Y las reacciones serán siempre las mismas, insistir cuando los índices están ya «maduros». Y huir cuando es mejor momento para seleccionar y comprar: que es cuando hay avalancha vendedora y se producen los grandes desagios. Cuando se deja salir la presión.

  • Así es que vinieron arriesgando a un «crac», formal y arrasador, en lugar de dejar que las correcciones que se insinuaron pudieran ir limpiando, ordenadamente, el escenario. Todavía es pronto para decir qué sucederá con éste otro desplome, porque puede que se vuelva a emparchar y afloren nuevamente los informes entusiastas. Como la eclosión no fue bursátil, sino aledaña, habrá que esperar también hasta dónde caló el desastre de lo inmobiliario, extendido ya a Europa. Zona de riesgo, el hábitat natural de un amante de la Bolsa.

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