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5 de septiembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Fueron de algo más de $ 100 millones -promedio-las ruedas de agosto. Resultó de sólo 10% de ello -$ 9,6 millones-el efectivo de la primera de setiembre. El atenuante: que Wall Street no trabajó y restó a los mercados el imprescindible aporte exterior. El sedimento: igualmente fue muy pobre ver que el mercado local debiera consumir su largo trayecto horario con una escasez de órdenes que delinearon un desarrollo desértico. Y con fluctuaciones que carecieron de respaldo, formando así una decidida rueda «virtual», en blanco, insoportable para transar.

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Y decíamos en el comentario del día que por más vueltas que se le quiera dar, sin volumen no hay mercado.

Esto, para los que analizan el espectro financiero en general, les puede servir de referencia y señal acerca de cómo se ha comprimido el mercado del dinero, la liquidez en todo el sistema. Porque si bien la isla bursátil no accede a los favores de la gente, ni al ahorro, también es cierto que en otras ocasiones de actuar en solitario el volumen para acciones cubrió en torno de los $ 30 millones de efectivo. Bajo, pero razonable para nuestra plaza de estos tiempos. Bajo, pero no indigente, como sucedió el lunes y que bien puede mostrar al mercado local «por debajo de la línea de pobreza» (como definen los técnicos a los que están en lo más precario de la base social).  

Y si titulamos, en el trayecto de agosto, que «más que un mercado, fue una herida abierta», por allí aparecían argumentos muy sólidos para disculpar la tendencia en precios -importada, en buena parte-y quedando en pie, como para elogiar, que el caudal de negocios había dado ruedas de gran liquidez y recambio de manos. Obviamente, con el corazón del mes en montos transados a los precios más deprimidos, lo que no resultaba una buena nueva. Pero, de allí es rescatable que las fuerzas se crucen, interactúen, independientemente de lo que ocurra con las cotizaciones, como para decir el mercado mismo: «Tengo órdenes, por lo tanto existo...».

La rueda del lunes, a cambio, nos llevó al peligroso perfil de tener que representar toda la obra habitual, con los actores profesionales, el decorado, pero ante la ausencia casi por completo de espectadores interesados.

Se nos ocurre más valioso -dentro de lo indeseado-que un mercado baje, o siga bajando, antes de que se diluya su base de negocios. Porque entonces, como el lunes, se produce «la muerte» de una rueda. Nada de lo que se marque en los paneles tiene un valor mínimo real. Es sólo intentar comer para cumplir con una labor mecánica, que lleve algo de alimento al cuerpo.

Plena temporada alta, iniciando el último cuatrimestre, debiendo asumir que éstas son las órdenes nativas con las que se pueda contar. Y estando con un listado de precios que prosiguen dando negativo en el año: ni aun así promueve el interés (ocultarlo es engañarnos).

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