En la redacción de Ambito se ríen cuando les decimos a los colegas que no nos podemos habituar a escribir en una PC. Somos de los pocos «dinosaurios» que quedan, necesitados de oír el ruido del motor «V8», cuando nuestra vieja Olivetti se larga a beber líneas de cada nota. Y viene a cuento, ya que nos tienen que soportar enviando escritos a los que, después, hay que volver a tipiar en el taller. Y de allí pasa a corrección. Pero a veces se produce alguna mutación de letras y el lector debe soportar -como ahora- una «fe de erratas» que, como todo lo que llega tarde, no alcanza a compensar el error deslizado. En este caso creímos necesario efectuar una aclaración, puesto que una de las máximas de famosos, y que dimos en Cupones del jueves, quedó convertida en un absurdo. En honor al grande que la acuñó debemos pasar en limpio esa bellísima definición metafórica. Apenas por la variante de una letra, donde debía decir «ciervos» quedó «ciertos». Una puñalada sobre el pensamiento original. Entonces, aquella clave del gran inversor de mercados decía así: «Yo comprar ovejas y vender ciervos...». Una licencia zoológica que ilustra bellamente el tomar una acción a precio bajo y dejarla crecer para venderla en sus mejores niveles. Tanto como poseer una humilde oveja y dejarla irse, ya convertida en majestuoso ciervo. Maravilloso.
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A propósito, estamos viendo una permanente mutación de ovejas a ciervos, que después sufren una regresión que los devuelve a ser ovejas. Vistos los sucesos que cayeron con enorme impacto, entre miércoles y jueves pasados.
Tan poco duró esta vez la dosis de la Fed rebajando las tasas, tan endeble fue el argumento pretendiendo ponerle un tapón al dique rajado, que en cuanto aparecieron algunas novedades sobre problemas del sector bancario en Estados Unidos: el Dow Jones protagonizó una de sus caídas estruendosas del año, con 2,6 por ciento.
Menos mal que nos anotamos entre los que nunca creyeron que con simples herramientas financieras, todo el cráter en la economía del Norte podía quedar solucionado. Y tampoco entendíamos cómo era ese jueguito tan pueril de que el índice mejorara porque un par de balances empresarios les dieran bien. ¿Y qué iría a suceder cuando otro par les diera mal? Lo que sucedió: el frágil andamiaje volvió a desplomarse. Y seguro que allí quedó gente atrapada, como en los casos donde los pisos se abren bajo los pies y demuestran la realidad en toda su crudeza. Mirar el oro, mirar el drama en ciernes que puede traer el apretón del petróleo, mirar aquellas cuestiones que están colocando un escenario posible que -ojalá no se concrete- nos puede deparar una contracción en la economía global. Algo que no quieren mirar los que creen que la Fed lo arregla todo. Y resulta que estos señores ya no saben qué inventar.
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