... Y si los peligrosísimos bonos argentinos están tentando a nuevas mentes audaces: cómo no van a tener su chance las acciones de empresas privadas. Argumentando en pro de esos papeles de deuda, se dice que como la retribución en la renta fija bancaria es cada vez más adelgazada y el ingreso de dólares -con emisión detrás-va creando cierto bolsón de liquidez que busca puerto: se han redescubierto los bonos que premiarían con un más de 15%, en función del punto en que se hallaban. Nunca nos pareció, al menos cuando hablamos de acciones, que solamente la promesa de un supuesto buen desarrollo resulte la sola causa para ser tomadas. El lector, obviamente, nos dirá que cada uno tiene todo el derecho a hacer lo que desee con su dinero. Por supuesto, puede invertir, o puede tomarlo y jugárselo a un par de números en un casino. Nosotros no estamos de lleno en lo que resulta el mundillo de los que son bonistas (será porque sólo consideramos como bursátil al riesgo puro) en tal caso solamente hemos estado viendo, desde unos pasos atrás, todo lo que ha sucedido con tal tipo de instrumentos en buena parte de su historial.
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Como nunca antes, hemos visto de qué modo fueron esquilmados los que le dieron un crédito al país tomando tales papeles. Y luego «premiados» con un canje y propuesta unilateral, en términos abusivos, que tuvo una suerte inaudita. Pero, después, lanzando emisiones con torpes cláusulas de ajuste -y no como herencia de otros gobiernos-los emisores hallaron apropiado poder estafar de nuevo, falseando el vehículo que daba la renta: el índice de inflación. Nuevamente rodaron bonistas, volvió el malhumor en el mercado, se deshicieron posiciones, etc., etc...
Llegados a enero de 2008 se encuentra que -en base a lo que podrían rendir, a pesar de todohay una nueva corriente tomadora de tales papeles de deuda. ¿Entre la inversión y el casino, en qué zona poder situar a estos bonos expuestos a cualquier maltrato inesperado? No tenemos la respuesta, acaso la tenga el que arriesga con ellos.
Y volviendo al inicio... si hay corriente para estos papeles, algún lugar en la preferencia debería quedar para los títulos privados. A menos que alguien considere de mayor riesgo -en nuestro medio-a una acción que a un bono. No los queremos comparar a la par, nada más que porque no consideramos al bono de estos tiempos digno de poder cotejarse con un título privado. Pero, esto es muy particular y no quita aquello de: hacer lo que uno quiera con su dinero. Solamente son reflexiones y recuerdos, cuando parece que todo tiende a olvidarse fácilmente a pesar de lo reciente. Si el emisor de una acción, o de cualquier título, no merece confianza y su conducta ha sido cuestionada, pensar sólo en la renta y no en el riesgo: puede ser un disgusto muy serio en ciernes.
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