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21 de enero 2008 - 00:00

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Siempre tenemos a mano la máxima de los antiguos: «Hay que hacer provisión. De seso, para entender. O de cuerda, para colgarse...». Simple y directa. La última vez que la refrescamos al lector, fue cuando todo este enorme embrollo de Estados Unidos andaba por sus comienzos y todavía había cantidad de voces, que proclamaban que no iría a perjudicar la «economía real». Y allí está. Ahora vemos a un presidente de Estados Unidos -ya sin fusibles por hacer saltar- teniendo que exponerse en primer plano, saliendo a brindar la última de las recetas imaginadas.

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Leímos lo propuesto, lo leyó usted, sabemos de los primeros comentarios que se promovieron, y allí nos volvió a la mesa de trabajo a lo antiguo con su recomendación de: «hacer provisión». O seso, o cuerda. Está a la vista que ya muchos que no aprovisionaron sesos el tomar el problema como sólo financiero, o que no pasaría de un incendio focalizado, han debido tomar la cuerda y colgarse dentro de sus propios balances (los bancos, y seudobanqueros del siglo XXI, que den un paso al frente).

Pero lo que lanzó Bush obliga a renovar provisión al preguntarse uno: de qué modo se puede congeniar estar con los niveles más altos de inflación en casi dos décadas, en Estados Unidos. Y, por otra vía, intentar calmar los ánimos con incentivos fiscales (que les restará ingresos fiscales a los que ya viven con enorme déficit). Uno no es economista, pero habiendo leído de muchas situaciones en la historia, se supone que el incentivo aparece de parte del Estado, para hacer salir a un país de una etapa depresiva en su economía. Para darle un impulso, pero no teniendo a la inflación irritada. Si por evitar una recesión se incita a la inflación, se puede ver al paciente liquidado, no por la enfermedad, sino por los remedios.


Lo más curioso es que ya partieron voces de Wall Street quejándose -otra vez-de que lo anunciado no complació a los que estaban esperando todavía más (bastante más). Uno, desde aquí, no puede tener la soberbia de ponerse en la piel de los que viven el tema desde el epicentro del desastre. Sí puede saberse, porque siempre es así, que lo individual, lo sectorial, se superpone a lo social y a lo nacional, inclusive. Esto es, hay tribus de financistas, banqueros, operadores de mercado, que armaron el infierno y ahora pretenden que se los salve, aunque sea con medidas muy peligrosas para el conjunto. (Y para el mundo, dicho sea de paso.)

Muy espeso el problema, como para saber de soluciones con simples fórmulas de texto. Lo único aconsejable sigue siendo para el inversor: «hacer provisión». Y lo mejor, hacerla de seso, e intentar comprender con las señales que llegan.

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