25 de enero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Más allá de los intereses de los inversores, que siempre ocupan el primer lugar de las necesidades, sería bueno que los mercados ingresen a cierta zona menos traumática: como para que también cese la lluvia de personajes de todo tipo, que siguen colocando a las Bolsas como si se tratara del «asesino» del mundo económico. Para hallarle algún parangón, que resista el cotejo grotesco, nos asemeja a las investigaciones de nuestra Justicia ante casos de crímenes que ponen en vilo a la opinión pública y terminan por colocar a un pintor, un jardinero, algún personaje que anduviera cerca del escenario y lo apuntan para que cuelgue con la culpa. Las Bolsas ya tienen bastante en su historial para hacerse cargo, como para que además le adosen lo que no tuvo nada que ver con ellas en estos tiempos.

Pero sabemos también que siempre será así: crucificar al mensajero y «termómetro» de malas noticias, y de temperaturas altas, antes de salir a los medios a preguntarse si no es cada vez más alarmante ver en qué manos y que instrumentos está quedando lo financiero/ económico en el mundo. Que todo esto haya sucedido con tanta liviandad de banqueros y de controles, en la principal sociedad y economía mundial, crea un verdadero espanto. Mientras se entretengan nada más que en bajar tasas, o comprobar cómo se acomoda el Dow y los demás bursátiles, van quedando tapados los desvíos que dieran origen a esta delicada situación. Y sobre la que no se sabe de qué modo habrá de seguir evolucionando. Por de pronto, ya se sumó el gran oportunidad -George Soros-especializado en el ataque a las monedas, para sacar partido y apuntarle al dólar. Así, vemos de qué modo se ha volatilizado no ya el devenir de un índice, sino de la verdadera y profunda causa que hizo estallar a Estados Unidos y colocarlo en el peor momento, desde que asumiera el liderazgo tras la Segunda Guerra.

Una buena pregunta, aledaña, pasa por aquello de: ¿quién se estará llevando las acciones del NYSE, que recibió la avalancha de su mercado interno? La extrema debilidad actual, donde ya hay capitales árabes y asiáticos en principales entidades norteamericanas, quizás traigan la sorpresa posterior: de ver sentados en empresas emblemáticas a nuevos directores foráneos que hayan aspirado tales acciones.

De paso, saber si no es que la gente les ha perdido toda confianza a los gobernantes y a los bancos centrales y sus políticas. ¿Vale desaprovechar la tremenda experiencia en incendios graves, que tiene un Alan Greenspan? Tal vez ahora es muy válido aquello de que el Diablo sabe más por viejo que por Diablo. En tiempos así, sirve más la presencia de un líder de larga trayectoria que una baja de tasas.

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