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1 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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La Reserva Federal anunció que rebajaba nuevamente la tasa y en 0,5%, para colocarla en un nivel de 3% y siendo el piso solamente equiparable a lo que se tenía en 2005. Más que la rebaja, que al final no llenó las expectativas de los más desesperados y que esperaban 0,75%, los conceptos que rodearon al anuncio importaron más que los números, porque éstos estaban ya dados por «descontados» en ruedas previas. Como que los operadores les marcan los compases a los funcionarios y, éstos, terminan por tocar la melodía que quieren en el mercado. Por lo tanto, no podría decirse del todo que fue la última carta a jugar por el organismo: quizás, se quedó con ese «cuarto» no otorgado, como para inyectar otra dosis si la circunstancias lo apremian.

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Ahora bien, la pregunta es: ¿hacia dónde apunta todo esto? Vistos los comentarios de la Fed, y del propio Bush, la idea es fogonear cuanto se pueda el consumo de la población.

Quebrar en los ciudadanos la idea de restringirse, de cuidar los gastos, de evitar lo superfluo, de postergar erogaciones. Todo lo que, sanamente, uno supone que debiera suceder cuando el cinturón aprieta. Sin embargo, y a pesar de que están sobre una peligrosa cornisa pudiendo caer en lo inflacionario, los gobernantes no se cansan de enviar el mensaje de: gasten, sigan consumiendo, no me paren la rueda de la economía y no demuestren al mundo que la locomotora está frenada.

La Fed, y lo menciona, teme que las restricciones y una menor liquidez puedan llevar a los consumidores a reducir sus gastos. Pero, para no quedar tan desaforada y audaz, cuelga un párrafo en el otro sentido, diciendo: «Se espera que la inflación se modere en los próximos trimestres, aunque será necesario seguir viendo con cuidado los acontecimientos...». Si se debiera graficar, colocar en expresiones domésticas, una suerte de agregarle leña y papel al fuego, pero deseando que las llamas no se pasen de altura. He ahí contradicción pura, evitando que la «fiesta» desatada por banqueros codiciosos y operadores superficial, la tenga que pagar quien la debe pagar, el estado de la economía.  

Todo el embrollo dialéctico y de falta de rumbo ajustado y convencido, que proviene de los que deben mostrar una mano firme en el timón es la arista más valiosa y preocupante, que deja en un lejano segundo plano a la nueva rebaja de tasas.

Seguimos estando todos dentro de la «caldera del diablo» y observando que no hay ni culpables, ni castigos a la vista, ni cambio de reglas, ni actitudes de profundizar causas y efectos del desastre. Solamente es tratar de arreglar perentoriamente, que les llueva dinero «blando» e incentivando a la gente a que no haga lo que debe hacer: cuidarse. El gran desaire será comprobar que ella se cuida igual.

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