25 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

La búsqueda hasta ahora infructuosa de dar con el elemento capaz de sacar a las personas, comunes o inversores, del pozo de incertidumbre sigue sin dar resultados. Y esto no es ni un discurso grandilocuente, ni una lluvia de dólares que riegue los canales financieros. Lo que falta y no se halla es, simplemente, la sensación de seguridad. Mientras ella no aparezca nítida, tanto veremos contracciones en la principal economía -y, por extensión, en varias otras- como participantes de mercados de riesgo entrando y saliendo, otros directamente desertando temporalmente, los más nerviosos y conservadores refugiándose en el oro. Y el siempre vigente metal avisa que si él está en sus mejores momentos, es porque los otros están en el peor.

Por ahora, solamente se ven más y más condimentos de toda índole, palabras o dólares, que no logran formar una masa consistente y apta para ir convenciendo de que -al menos- lo más profundo del pozo haya quedado atrás. No se acierta a establecer si es que se ha tocado fondo, cuando la única salida es ir hacia arriba. O si todavía hay más desprendimientos de las paredes de la economía rectora que abran el piso bajo los pies y se deba arribar a mayor profundidad todavía.

Acerca de la semana finalizada decíamos, en el comentario del desarrollo sobre el viernes, que costaba ver semblantes con gestos de alegría por haber subido el índice local casi 2,5%. ¡Caray!... que no es para nada despreciable semejante evolución ponderada para una sola semana de Bolsa. Sin embargo, esto parecía resbalar por la grey bursátil porteña -cada vez hay menos- y salvo los intuitivos buscadores de «perlas», que habían acertado con algún papel de gran trayecto en esos días, en general a nadie se le movió un pelo por ver al Merval consiguiendo sumar tal porcentual interesante.

Imaginamos que en otros centros debe quizás estar sucediendo lo mismo, tratar a cifras con subas, o con bajas, como si fueran de la misma especie. Pero esto porque se tiene sabido que la alegría de un par de ruedas puede ser, de inmediato, el disgusto de otras dos, sin que medien siquiera señales que alerten sobre el cambio.  


Cierta campaña dilatada en lo bursátil, más muchos sucesos de la historia mundial que uno ha leído, nos llevaron a la conclusión (muchas veces aquí lo hemos expuesto) de que no hay peor zona de un mercado, para los inversores de todo calibre, que aquella donde prive lo incierto. Inclusive peor que cuando predomina una tendencia bajista. Si algo desea el común de los aficionados al riesgo es poder determinar una dirección de la tendencia. Y que tal orientación pueda poseer señales confiables. Se puede ganar siempre, a la suba, a la baja, en ambos lados del mercado, pero es muy difícil hacerlo cuando todo flota. Creemos.

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