26 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Si la cuenta de trastornos de afuera puede tender a estabilizarse -Dios quiera-, la columna de nuestros dilemas y obstáculos locales tiende a irritarse más. Esas conversaciones tripartitas, donde lo encerraron a Evo Morales entre Cristina y Lula y nada lograron ya colocaron la gran advertencia acerca de qué tienen que aguardar los empresarios al enfrentar el nuevo invierno. Todo apunta a que lo que se abastezca con gas y energía eléctrica deberá pasar de lleno al uso del fueloil. Y no por desprevenidos y confiados (lo vimos en el balance de Fiplasto, donde la sociedad ya compró con tiempo la mitad del combustible que cree le será necesario) los tomarán de sorpresa a los industriales. Pero no podrán evitarse las consecuencias del cambio. Simplemente, que producir con una energía más cara (donde el precio del petróleo es otra astilla en el flanco) habrá de enardecer los «costos», que ya tendrán su carga extra desde que los gremios culminen con sus tironeos firmes sobre salarios.

El inversor inteligente -diría Graham-tiene que seguir sumando evidencias, aunque éstas lo lleven a conclusiones que no le agraden. Lo contrario, ignorarlas y preferir solamente el optimismo y los deseos como únicos estandartes, se vuelve cada vez más riesgoso y multiplica el riesgo natural que el capital está dispuesto a correr.  

No crea el lector que a los que toca escribir sobre lo que podría llamarse «una serie de hechos desafortunados», que nos acechan, no les agradaría mucho más poder estar jubilosos, advirtiendo sobre un escenario que prometiera las mejores mieles. Pero las evidencias muestran un panorama que ni se acerca a lo necesario para tirar líneas que no resulten de preocupación. Por lo que deban afrontar las compañías, lo que después se plasme en los balances. Y la carga de incidencia, sobre la salud de las acciones.

Tiempo de incertidumbres en la locomotora de los mercados del mundo, tiempo de contrariedades sobre los que deben producir -y ganar- para aportar el insumo principal de una buena tendencia, en lo local. Todo eso, como en un pesado equipaje, viene a confirmar la incertidumbre de que hablábamos ayer. Expuestos a que si no presiona un factor exterior, pueda presionar en contra uno doméstico. Por supuesto, que a pesar de atravesar zona roja, la Bolsa seguirá su camino. Lo ha venido haciendo a lo largo de los siglos. Pero todo el que se aventure a pescar en el río revuelto, turbulento muchas veces, debería delinear una estrategia que no sólo lo defienda bien, sino que también le pueda reportar ganancias. Es el gran desafío que, en los dos primeros meses, está planteando 2008.

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