5 de marzo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Llamarle a un tipo «el oráculo de Omaha» forma parte del gran show que hacen los norteamericanos de cuanto evento o personaje de relieve se trate. El de ahora es Warren Buffett, indudable hacedor de monstruosa fortuna, que posiblemente la haya generado acertando seis, o siete, sobre diez: y teniendo la discreción de no contar las otras cuatro, donde se pegó contra la pared. Lo que constituye una espectacular fórmula de éxito en los mercados, lejos de la fantasía de querer meter «diez sobre diez», como mucho inversor entusiasta ansía. (O está dispuesto a creer que otros lo hacen.)

Por de pronto, fue otra de las grandes figuras que quiso aparecer en el mercado y en medio del declive, como para hacer pesar la «chapa» y -si salía redondo-ganar mucho más para su leyenda de «oráculo», que lo que pudiera ganar en dinero. De esto último, le sobra. Y a los ya 77 años, probablemente que Buffett tiene más codicia por apuntalar: gloria, alimento para el ego y la seductora sensación de gran poder entre los otros humanos. Pero, he aquí que al salir nuevamente a escena jugó un papel inverso al que representó al anunciar que iría a « reasegurar los bonos» derivados de las hipotecas. En aquel momento, surtió un efecto limitado, pero positivo para un par de ruedas, derivado de que un jugador de tanto porte estaba interesado en lo que otros arrojaban por la borda. El lunes se difundió por todo el mundo un cambio de menú: el «oráculo» anunció que la oferta «ya no está sobre la mesa». Y, además, se descolgó con un par de pálidas, como para que el mercado se acongoje todavía más. Directo al grano, le dijo al canal CNBC: «Estados Unidos está en recesión». Y remató: «Creo que está claro cuál es la situación económica. Lo que no está tanto es hasta dónde va a llegar...». Modo expreso de plantar una regia lápida a los deseos de miles de operadores, que antes creyeron verlo como un providencial «salvador».  

Si faltaba algo más, para variar su posición netamente, tuvo alguna opinión adicional para calificar el precio de los títulos privados en la Bolsa: «Las acciones no están baratas». Muchos, en el NYSE, habrán ido a probarse una mortaja, mientras caían en la cuenta de que el «oráculo» fue tan chapucero ahora, como suele ser un parte meteorológico que va corriendo la probabilidad de lluvia: hasta que un día, llueve. Primero entró en el partido, queriendo ponerse el equipo de salvataje al hombro. Después, retiró la oferta de la mesa, agregando -además-de los peores pronósticos que se han dado al respecto. Pero, desconfíe el inversor advertido. Puede ser la clásica estrategia de ayudar a deprimir mucho más la tendencia: para después barrer bien abajo. Porque los grandes no son amigos de nadie, salvo de sus intereses. Cruda verdad de mercado.

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