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10 de marzo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Cada mes finalizado se reitera la misma historia: los indicadores de inflación oficiales, que se siguen burlando de la población. Y un eco en el sector de mercados locales, que recoge los consabidos lamentos por lo que sucede con los bonos. Los medios se encargan de remarcar el hecho de que esos papeles bajen porque nuevamente sus poseedores se sienten defraudados, ante el índice que se oficializa. Todo parece terminar en esto. Entre un gobierno que prosigue con su falacia, a la vista de todo el mundo. Y poseedores de bonos, que se quejan de lo que viene pasando desde hace tiempo: y seguirá igual. Como para decir que entrar en ese circuito debe ser a sabiendas de lo que va a suceder al incauto. Y no evidenciar -todos los meses- los mismos lamentos.

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Pero no hay medio que destaque otro aspecto y que también sigue presente sin alteraciones: lo inaudito de no permitir el «ajuste por inflación» en los balances y que -aunque existiera su aplicación- también se verían estafados por los índices que se dibujan.

Seguir haciendo que las sociedades paguen sobre ganancias nominales, lo que resulta -así de simple- todo un acto confiscatorio de dineros empresarios. Y cuando las empresas tienen que resistir los incrementos de costos, de toda índole, y los reclamos salariales que no son acordes con lo inflacionario oficial, sino sobre aquello que los propios sindicatos argumentan que es la inflación real y la comezón de sus salarios. Un punto de ridiculez tal, donde se deja por buena la medición que se difunde, pero que nadie la utiliza para promover una mejora de sus intereses. Si hay que creer en el índice, hay que considerar como «exuberante» lo pedido por los trabajadores. Si, en cambio, se considera razonable que los reclamos partan de 20% y de allí hacia arriba, es porque se admite que la «inflación real» está muy por encima de lo que se quiere dar por bueno.  


El perjuicio que causa en los balances la obligación de seguir con números «históricos» constituye una estafa mucho mayor sobre los inversores en acciones que sobre los tenedores de bonos indexados. Porque a estos últimos algo se les reconoce mensualmente, pero a las sociedades se las deja como en un mundo virtual de «inflación cero». Y exigiendo impuestos sobre saldos que no corresponden en la realidad. Las empresas, que no se animan a discutirle nada al gobierno respecto de todo esto, también ensayan sus defensas: van aumentando los precios. Más aumentos de salarios, más virulencia inflacionaria, más aumentos de precios en los productos y todo el círculo vicioso: que está girando de lleno en nuestra economía.

Esas «facturas» también se terminan por pagar, todas juntas, aunque en la Argentina crean que se puede vivir en un paraíso artificial, eternamente.

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