El tercer informe del Termómetro Psicosocial y Económico de la Facultad de Psicología, en la Universidad de Buenos Aires (UBA) ratificó que la sociedad argentina continúa profundamente fragmentada. Esta brecha trasciende la política y se cristaliza en la forma en que los ciudadanos se identifican. Sin embargo, el estudio advierte un cambio alarmante respecto a mediciones previas: el ánimo social se ha deteriorado, dando lugar a un escenario dominado por la incertidumbre, el malestar y la preocupación constante.
Nuevo informe de la UBA advierte sobre la consolidación de la brecha psicosocial
Los resultados del Termómetro N°3 confirman una sociedad fracturada estructuralmente, donde la división política se ha extendido a los planos emocional, cognitivo y simbólico.
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El estudio de la UBA confirma una visión de país marcada por el inmovilismo.
El análisis actual marca un punto de inflexión: el malestar psicológico, impulsado por la incertidumbre, desplazó a la confianza y al optimismo observados en meses previos. Mientras que antes la distribución de opiniones sobre el bienestar era equitativa, hoy el balance es negativo: un 46% declara estar peor frente a un 36% que nota mejoras.
A su vez, la economía se consolida como el principal motor del malestar en Argentina: un 83% de los encuestados reconoce que los problemas financieros afectan profundamente su salud mental. Este dato no solo reafirma la tendencia de estudios previos, sino que la intensifica, posicionando al factor económico como el eje central que organiza y detona el sufrimiento psicológico actual.
De acuerdo al estudio, existe un consenso general sobre la gravedad económica, pero las prioridades varían según el sesgo político: quien votó a Javier Milei está más atento a la inseguridad y la autonomía, mientras que opositor se angustia por la pobreza y la incertidumbre estructural. Este hallazgo es clave, ya que demuestra que la crisis se interpreta desde esquemas mentales y emocionales profundamente diferenciados.
La postura de los argentinos sobre el futuro económico
Las proyecciones sobre la economía individual ratifican la fractura social imperante. Aunque a nivel general el pesimismo es la nota dominante, con casi el 50% de los encuestados previendo un deterioro en sus finanzas para el próximo año, la mirada cambia según la afinidad política. Mientras los adherentes al oficialismo conservan una visión esperanzadora, el sector opositor manifiesta un desánimo profundo, evidenciando que incluso la visión del futuro está condicionada por el tamiz de la ideología.
Con un 74% de percepciones negativas, la evaluación de la situación socioeconómica también empeora en comparación con la medición anterior. Este indicador de crisis, sin embargo, sigue reflejando la fragmentación del país: la valoración del presente está condicionada por el sesgo político, con un pesimismo mucho más acentuado en el arco opositor.
El estudio de la UBA confirma una visión de país marcada por el inmovilismo. Estos resultados muestran una preocupante continuidad en el diagnóstico social: la sensación de que el país no logra salir de su propio laberinto.
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