ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

17 de marzo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

ver más
De las alternativas para adjudicar al rebote fuerte de Wall Street, durante el martes pasado, lamentablemente hubo que quedarse con aquella gráfica mención del «gato muerto», cuando tal rueda fue seguida de nuevas muestras de debilidad en la tendencia. Y con el remate del viernes, donde se enfrentó nuevo suceso con una entidad insignia de la economía del Norte, abierta a lo largo de su caso económico: como un Titanic de las finanzas.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

A Bush parece que ya todo le resbala, con tantos frentes de problemas en que está metido, y ahora optó por acudir a la historia y expresar que ya otras veces el país había atravesado dificultades y que había sabido resurgir. No hay idea de cómo y de cuándo, a la vista de la serie de intentos por dominar el fuego y otras tantas frustraciones. Estarán tratando de imaginar otra estrategia, pero en cada arremetida y rechazo, seguramente que la gente deja otro pedazo de credibilidad, tirado en la vereda.

El viejo dilema, de cómo cuesta años armar un andamiaje que vaya asegurando el crecer de una tendencia y que se derrumba apenas en unos meses, a veces sólo en unas cuantas ruedas. Y cómo hay que volver a rearmar el movimiento y pacientemente «limpiar» la mente de operadores e inversores, para que dejen de lado la coraza y se vuelvan a animar. Seguimos esperando por ver al antes riguroso sistema norteamericano, ponerse en marcha para las penalizaciones debidas. O tener que quedarnos con la figura de un funcionario renunciando de inmediato, por haber acudido a pedir favores de una dama liviana de cacos y que no rueden personajes de cargos relacionados con el desastre de las hipotecas -y la falta de controles- como si hubiera sucedido por una simple desgracia natural.  

Pero esto va a costar mucho. Y a Bush habría que recordarle que la Gran Crisis -de 1929- no terminó de solucionarse sino ante el advenimiento de la Segunda Guerra, en 1938. Poner en marcha la maquinaria de los armamentos sacó a los países de una varadura económica que persistía, después de muchos años.

Greenspan, hace unos meses, mencionaba que el perfil de lo que se venía hasta le parecía más tremendo que lo sucedido en 1987, y tuvo razón, en vista de que cada vez se encuentran más «cadáveres» de las finanzas por el camino. Y muchos con traumatismos serios, a los que hay que proveer de glóbulos estatales, para que no queden rígidos también.

Los ejecutivos de las entidades más afectadas parece que también siguen en sus puestos y enviando señales falaces, de situación que se va enderezando. Y, al otro día, reconocer que están con el agua al cuello. La labor de «calificadores» no tiene perdón, ni en el antes. Y, ahora, en el después. Amén.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias