ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

21 de abril 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

ver más
Por más fórmulas y métodos salidos de las matemáticas, el simple observar del comportamiento humano -que no varía a pesar de las épocas distintas- ayuda bastante a comprender, y anticipar, variaciones de las variables económicas, financieras y, también, bursátiles.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Saber que la gran mayoría de las personas no solamente consume más, sino que pelea menos por los precios que paga de lo que consume (y se extralimita en ciertos gastos, incentivados mucho más por el «dinero plástico») responde a ingresos de cierta holgura. Y el anverso es el que comienza a verse cuando esos precios empiezan a trepar y los ingresos van quedando más ceñidos y necesitando cuidar más el gasto. Expansión, inflación, contracción, derivados de los cambios de actitud del individuo frente a un escenario cambiante.

Cuando se traslada ese perfil a un mercado, como el bursátil, también es sencillo comprobar que dentro de un ciclo firme y alcista de las cotizaciones: el inversor no puja ni discute por los precios, con tal de hacerse de una posición deseada: de la que tiene ganancia inmediata. En cuanto surgen nubarrones y se desatan las lluvias de bajas, las pretensiones se vuelven opuestas: surge la disputa a fondo, se quieren adquirir partidas a precios cada vez más bajos. Y se lucha por centavos, cuando antes no se cuidaban ni los pesos. Pero, en todo terreno, la expansión se va desarrollando más lentamente. A cambio, la baja o la contracción resulta casi inmediata. De allí que siempre ha resultado -y resultará- más trabajoso armar un buen ciclo de bonanza: que ver cómo se puede derrumbar todo, en solamente unas semanas. Hacer que nos volvamos muy confiados es todo un proceso, gradual, pero los temores -y la desconfianza- nos ganan de un día para otro.  

De allí una máxima simple: «En lo mejor es difícil obrar mejor; en lo peor es fácil obrar peor». Y por más que ahora se quiera inyectar optimismo desde las páginas de los medios o desde los «paper» de nombres famosos, reconstruir lo que se ha destruido desde el colapso de los bonos hipotecarios en Estados Unidos resulta una tarea de reconstrucción, de zurcir y entramar nuevamente esa delicada seda que recubre los recintos y los indicadores. No vivimos ni tenemos contactos directos con lo que pueda suceder con la población del Norte, o la europea, pero seguramente que los principios y los síntomas responden al mismo perfil que en todas partes. Porque ahora salir a proclamar que «lo peor de la crisis quedó atrás», o dispersar alivios en virtud de que «los balances no vienen tan malos», se contrapone a pensamientos que hablaban de una reconstrucción ardua y prolongada: posición más racional, y en línea con lo histórico, que el querer vender otra versión libre y suave. Mejor, la cautela.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias