9 de mayo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

No son pocas ya, las empresas que muestran un capital que se ha comprimido respecto del patrimonio neto. Recordemos al lector cuál era la fórmula clásica, que muchas de las compañías más importantes -Siderca era implacable en mantenerlo- utilizaba: una proporción de «3 x 1», la relación de patrimonio a capital. Modelo automático que siempre mantenía actualizada la relación y que resultaba un patrón de equilibrio, tanto para no llegar a la «licuación» del capital, como para no permitir que se fuera perdiendo en liquidez en su plaza.

Imaginar en estos momentos cuánto habrá de inflación contenida dentro de esos patrimonios, en función de un índice real que toda medición normal lo distancia de la medición oficial, es casi retornar a los umbrales de aquella «Ley de Revalúos» y que permitiera -a mediados de los 70- sincerar las estructuras y reacomodar los capitales, mediante entregas de acciones por el «ajuste». Casi imposible que algo así se reitere, al menos con la mentalidad actual en el poder, sin siquiera contar con esos ajustes: se ven capitales que van quedando atrás. Son acciones, como nos gusta llamarlas, con «motor comprimido» y desde el punto de vista del inversor: una condición sumamente interesante. Varias de ellas podrían distribuir títulos y reacomodar las relaciones, sin perder capacidad de ganancias sobre « nuevo capital». Y al hacerlo, accederían a una baja paridad: de donde los papeles suelen mostrarse más ágiles para subir, que cuando se poseen precios muy superiores. Ademas de ampliar la base de accionistas minoritarios. Y de proveer otra virtud fundamental para las carteras: la liquidez amplia y permanente en el ritmo de esas plazas.  


Hay otra variante, como para dar salida a la presión contenida y proceder a ampliar capitales: las « suscripciones». Que se ven muy periódicamente y que exige al inversor un esfuerzo extra, para integrar las acciones nuevas. Cuando no hay un ciclo de mucha bonanza, se hace difícil poder colocarlas (en especial, porque llevan «primas», además del simple valor nominal).

Y he aquí donde pueden entrar en juego las sumas líquidas que se le acumulan a las AFJP (y en un medio donde las alternativas, cada vez son menores). Otorgando a las entidades la posibilidad de aplicar fondos frescos a la integración de «acciones nuevas», sin mezclarlas con las que ya están emitidas, podría generarse un circuito tentador para ambas puntas: las empresas emisoras -pudiendo crecer y tomar fondos frescos, sin endeudamientos-y para las AFJP, y sus adherentes, poseer papeles empresarios cotizantes. Que, por mucho, es más saludable que llenarse de «bonos» tan peligrosos como los nuestros.

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