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31 de julio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Se ha convertido la Argentina -y sus índices- en el más sospechado de todos. Pero, da la impresión que el mundo se está volviendo sugestivo (y sospechoso). Se va creando una adicción al jueguito. Siempre surge algún indicador, cierto ratio, o bien producto de alguna encuesta que tiende a equilibrar la balanza del desencanto y concede, otros cuantos miligramos de optimismo en grageas.


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La Argentina -y sus índices-se ha convertido en el más sospechado de todos. Pero, da la impresión que el mundo se está volviendo sugestivo (y sospechoso). No es la primera vez, seguramente no será la última porque se va creando una adicción al jueguito, cada vez que se le desploman los indicadores de Wall Street ante nuevas y fatales novedades. Casi se inmediato surge algún indicador, cierto ratio, o bien producto de alguna encuesta que tiende a equilibrar la balanza del desencanto y concede, otros cuantos miligramos de optimismo en grageas.

Tal lo sucedido el lunes, el Dow Jones y los índices parientes, se cayeron nuevamente como un piano desde la terraza. Y resultó que el martes, se produjo un casi mágico repuntar con el argumento que había surgido un dato sobre «índice de confianza», sumado a otro de sondeo sobre inmuebles, que resultaban más benignos «que aquello que preveían los analistas».

La vieja frase de molde, eso de «prever los analistas», que se adecua a toda situación y hasta da también para ensayar otro tipo de jueguito. Ejemplo, supongamos que desde aquí dijéramos que tal empresa traería «equis» cantidad de pérdidas, en su trimestre por conocerse. Y, siendo menor a esto, se considerara como «bueno» que estuviera debajo de lo previsto, por lo dispersado antes. Dando con ello una impresión mejorada de lo que -siendo malo-se hiciera lucir como «menos malo» que lo esperado. Aquí no lo utilizamos, pero en el mundo de Wall Street la industria del análisis, recomendaciones, estimaciones, voces de «gurúes», es materia corriente y muy frondosa. Y es también moneda corriente el utilizar el recurso de la hipótesis de máxima, para cuando aparezca la de mínima se genere una corriente de subas en el mercado.

  • Pues que ya está dando para sospechar que el juego de pícaros de mercado, no se haya subido a las alturas. Y hoy en día tenemos arriba a un Bush desesperado, al que no le alcanzan las manos para tapar los agujeros de todo tipo. Y con un candidato que está perdiendo nítidamente, en la intención de votos.

  • Apeló ya a salidas poco ordenadas, desprolijas, con tal de tapar las crisis con sus « billones» emitidos. Y no ha pasado mes sin volver a apelar a que le concedan más partidas, tanto para la guerra, como para la crisis. Se están pareciendo cada vez más, peligrosamente porque ellos son los rectores en el mundo, a nosotros mismos.

    El jueguito de emparejar los tantos, de oponer algún indicador «favorable» a una noticia que desencadena bajas fuertes, se ha estado reiterando en estos meses. En nuestro medio, golpeados por tantas falacias y mentiras de distintos gobiernos, ya el escepticismo y el pensar mal nos brota. Ellos, son más incautos.

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