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9 de octubre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Le había llevado casi un siglo al Dow Jones, en términos redondos, pero a inicios de marzo de 1999 gozaba su jornada de gloria: ¡alcanza los 10.000 puntos de marca!

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No había resultado un desarrollo gradual, ni mucho menos, debieron consumirse noventa años -desde la creación del famoso índice- para poder estar solamente en torno a los 2.500 puntos. Y después, colocando una fabulosa marca extra, en solamente una década cuadruplicarse y coronar en esos 10.000 de marzo de 1999. Esto delata de qué modo entraba en zona de aceleración descomunal la maquinaria financiera/bursátil del mundo. Y poco más allá de encontrarse con semejante cumbre de valores, vino un primer accidente en la todavía más descomunal curva de «las tecnológicas». Siendo el asunto estrictamente de origen de mercado bursátil, con el rótulo de «exuberante» que le había adjudicado Alan Greenspan desde la Fed, resultó un foco de incendio perfectamente combatido, con algunas medidas y algún valle de inquietudes. Pero la gran advertencia que eso conllevaba no fue reconocida, ni siquiera sospechada.

Al pasar de activos y afincarse aquella «exuberancia» y descontrol en lo inmobiliario, arrastrando consigo no sólo a lo financiero, sino a lo bancario, se fue después gestando el «Gran Incendio». Y esta vez, viniendo desde afuera hacia adentro, otra vez pegando de lleno al sector bursátil. Pero al mismo tiempo derramando combustible sobre toda la base del sistema económico norteamericano. Llamas que, con toda la negligencia de los que debían apagarlas, se trasladaron de inmediato a la llamada «economía real». Y desde América, a todo el planeta.  

Lo precedente resulta una visión, muy apretada, de lo que creemos -desde aquí- que resultó el proceso que hoy tiene a todo el mundo sobre ascuas (es decir, sobre brasas).

Pero la intención primera resultaba ser la de darle una verdadera dimensión al retroceso de los índices, cuando la mayoría de las personas saben que «ha sido mucho», sin sospechar siquiera cuánto es mucho. Y en el caso de este Dow Jones, que cotiza debajo de los 10.000 puntos, la cuantificación nos dice que apenas por unos meses no resulta de diez años ese viaje al pasado.

Una década se ha ido al incinerador en Wall Street.

Días atrás habíamos referido lo del Merval que, con su piso del martes, se encontraba en un viaje estadístico que lo transportó: ¡a diciembre de 2004!

Cuatro años de retroceso en el índice ponderado; así también sabemos aquí cuánto ha sido el mucho del camino en reversa. En el caso argentino todavía hubo una fecha histórica y un número redondo, que parecía ser un tocar el cielo con las manos. En noviembre de 2003, el Merval abrazó los 1.000 puntos. Y le llevó poco alcanzar y pasar de 2.000, prueba también de la aceleración global que se fue de largo.

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