En el Congreso se van pasando los días y los funcionarios que -en teoría- van a brindar argumentos y justificaciones, de cómo el gobierno encara lo que se parece a la figura de una «expropiación», lisa y llana, del patrimonio de los aportantes a las AFJP, dan muchas más frases vagas, preñadas de retórica pura, antes que razones exactas.
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Una frase estandarte, en los primeros anuncios del proyecto, resultó aquella de: «No cumplieron con los objetivos». En alocuciones a cargo de Tomada y Boudou del martes, se insistió con el discurso de que los fondos previsionales «no pueden estar sujetos al interés del mercado». Frase a cargo de Boudou, que no aportó más que confusión a quien la haya leído. Porque la raíz de un sistema de capitalización -nos parece- se basa en realizar rentas de mercado, el que sea, por oposición a fondos que permanezcan estáticos en sus valores nominales.
Obviamente, se insistió con responsabilizar al tipo de activos que constityen la «torta» de todas las entidades y que les era dictada desde un ente oficial. Repatriar activos brasileños, cuando estaban pasando por un gran momento de capitalización (con la insólita excusa de estar radicados en el extranjero, cuando Brasil pertenece al Mercosur), fue una orden expresa, y cumplida, por las entidades. A las que también se obligó a tomar bonos públicos hasta la saturación, desde la misma puesta en marcha de 1994.
Los legisladores, que no están yendo al grano en las interpelaciones y cuestionarios, deberían ir al centro de la discusión para esclarecer a la sociedad toda. ¿De qué modo? Citando a declarar a la renunciante, o renunciada, cúpula de la Superintendencia (dotada de unos 650 empleados, según escuchamos, para ejercer el control de policía y de objetivos de las AFJP).
Allí se puede desentrañar, para todo público, la autonomía que poseen las entidades para elegir sus activos y el marco al que tienen que ceñirse.
Al día de hoy, uno lo chequea en charlas informales, la gente que está nutriéndose de discursos y de acusaciones, en gran parte cree que las AFJP hacían lo que querían con los aportes. Y que se movieron en «la timba» a la que alude la Presidente. Los únicos que tienen que apersonarse y dar explicaciones certeras de funcionamiento, límites, resguardos, vigilancia ejercida por el organismo oficial son los que estuvieron a cargo de él hasta ahora.
Y si de allí se deducen desvíos, defraudaciones, incumplimientos de objetivos, ya se sabrá de quién es la responsabilidad primera. Pero, si todo se sigue reduciendo, como hasta ahora, a escuchar frases remanidas, vacías de contenido. Y preguntas superficiales, lo peor, la verdad no saldrá a flote.
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