4 de junio 2001 - 00:00

Curiosas similitudes con el plan Brady

Hace casi nueve años, la Argentina se embarcó en la primera ingeniería financiera con la intención de controlar su deuda externa. A diferencia del megacanje actual, no fue una operación voluntaria, sino que se trató de una operación compulsiva, forzada por las dificultades financieras y la presión de los acreedores. Pero, casualmente, fueron Domingo Cavallo y Daniel Marx (que en ese momento se desempeñaba como subsecretario de Financiamiento) los gestores de lo que se denominó el plan Brady, mediante el cual se refinanció casi la totalidad de las deudas que el país mantenía con la banca acreedora. También coinciden con esa megaoperación de principios de los '90 las tasas de retorno que inicialmente daban los nuevos títulos. El FRB, el Par y el Discount rendían al inversor entre 16,5% y 19,3%. Para seguir con las coincidencias, también son parecidos los montos de emisión de los nuevos títulos: en aquella oportunidad fueron u$s 27.000 millones y ahora, u$s 30.384.

El plan Brady se realizó porque previamente el gobierno reconoció la legalidad de esas deudas y reconoció también los títulos que se habían otorgado como respaldo de las mismas a valor nominal, cuando, según la cotización en el mercado del momento, en algunos casos valían apenas 15% de su valor y en otros incluso menos todavía.

Así, blanqueada la deuda, hacia fines de 1992 el stock del pasivo del Estado ascendía a u$s 70.574 millones (hacia fines del 2000 era de u$s 128.000 millones), de los cuales u$s 30.000 millones se adeudaban a la banca internacional por créditos concentrados en grandes bancos norteamericanos y europeos.

En diciembre de 1992, después de arduas negociaciones, la Argentina consensuó un acuerdo de refinanciación de sus deudas con los bancos, ofreciéndoles un menú de instrumentos de pagos que incluye un bono con quita de 35% (inicialmente Cavallo pretendía una quita de 40% que no fue aceptada por la banca).

El país reconoció todas las deudas oficialmente reclamadas por sus acreedores, u$s 22.000 millones y otros u$s 7.880 millones de intereses
.

Quita

La nueva deuda que la Argentina emitió al mercado le permitió una quita en los pasivos del país por u$s 2.500 millones (aunque la banca logró más que compensar esa quita con el valor al cual se adquirieron los bonos) y fue realizada mediante tres bonos, que se conocen como bonos Brady:

• Los bonos con descuento


(Discount Bonds): se emitieron a 30 años y conllevaban una quita de 35% con respecto a la deuda original. La tasa de estos bonos era flotante, Libor + 0,8125. Por entonces la tasa Libor se ubicaba en torno a 4%. O sea que la tasa de emisión fue de aproximadamente 4,8125%. Se emitieron u$s 4.500 millones en estos instrumentos y hacia fines de diciembre de 1992 cada bono cotizaba a u$s 55. Así, la tasa inter-na de retorno de los Discount Bonds al momento de suscripción del plan fue 16,5%. (Al viernes pasado, estos bonos valían u$s 44 y su rendimiento se ubicó en 17,3% anual.)

• Bonos Par
(Par Bonds): se emitieron por u$s 15.000 millones, a 30 años. La tasa pactada era fija, aunque escalonada hasta su vencimiento. Cavallo acordó pagar 4% el primer año, 4,25% el segundo, 5% el tercero, 5,25% el cuarto, 5,5% el quinto año, 5,75% el sexto año y a partir del séptimo año hasta su vencimiento pagarían 6% anual. El precio de estos bonos fue de u$s 44,5, y el rendimiento anual, de 16,5%. (El viernes pasado, el precio de estos bonos fue de u$s 63,69, y el rendimiento anual, de 17,59%.)

• Bonos a tasa flotante
(Floating Rate Bonds, FRB): se emitieron por u$s 7.100 millones para pagar los intereses atrasados. Es un bono a 12 años, con tres años de gracia. Se fijó una tasa Libor + 0,8125. Al suscribirse el acuerdo el valor era de u$s 55 y el rendimiento anual por entonces se ubicó en 19,25%. (Hacia el viernes último, cuando fue anunciado el megacanje, el precio de cada FRB era de u$s 86,69 y el rendimiento anual, de 13,87%.)

• En total se emitieron títulos Brady por u$s 26.600 millones.
La forma de pago incluyó, además, pagos en efectivo a los bancos y la compra de garantías en bonos cupón cero de la Tesorería norteamericana, que involucró unos u$s 3.000 millones. Los rendimientos que por entonces pagaban los nuevos bonos que la Argentina sacaba al mercado era 16,5% para los Par y los Dis-count y 19% aproximadamente para los FRB. Si bien se trata de condiciones totalmente diferentes de las actuales, las tasas eran muy similares al rendimiento de los nuevos títulos que salen con el megacanje, que se ubican entre 14,5% y 16 por ciento.

La gran pregunta en el momento en que se gestó el plan Brady era:
¿podrá la Argentina hacer frente al compromiso asumido con los bancos?

El éxito del plan Brady dependía fundamentalmente de una cosa: el superávit fiscal. La Argentina necesitaba en adelante registrar superávit fiscales para poder repagar la deuda que se estaba financiando. Pero, contrariamente, el rojo fiscal fue la regla en cada uno de los años posteriores. « El gobierno generará los equilibrios presupuestarios suficientes para garantizar el pago de los intereses de la deuda pública interna y externa», se comprometió Cavallo pocos días antes de suscribir el plan Brady. Prometió, además, que no se recurriría a los mercados de capitales para financiar déficit. Lo cierto es que los sucesivos desequilibrios fiscales obligaron al gobierno año tras año a recurrir a los mercados de capitales para refinanciar deuda.

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