De nuevo contra Shell
Amenazó ayer el gobierno con aplicar más sanciones a la petrolera Shell por no haberse adherido a la rebaja de precios en los combustibles. Amparada en un comunicado de la agencia oficial de noticias, la Casa Rosada anunció que podría mantener por tiempo indeterminado la prohibición de exportar sólo para esa empresa, cuando la sanción ya fue levantada para YPF, Petrobras y Esso. Se trata de una reacción directa a las declaraciones del presidente de Shell, Juan José Aranguren, publicadas ayer en este diario. Un ataque más a la empresa, similar al de Néstor Kirchner cuando, también por la puja en el precio de los combustibles, llamó a un boicot contra Shell ordenando no comprarle "ni una lata de aceite".
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Guillermo Moreno
En octubre de ese año, Comercio Interior dictó la resolución 25 que obliga a producir igual cantidad de gasoil que en el año anterior más un porcentaje relacionado con la evolución del PBI. La norma que se fundamenta en la ley de abastecimiento de 1974, cuya vigencia está cuestionada por algunos juristas, derivó en que le aplicaran a Shell más de 50 sanciones por un millón de pesos cada una entre diciembre de 2006 y julio de 2007, aun cuando el faltante de gasoil en el interior había obligado a convocar a las restantes petroleras que también tenían dificultades para responder al crecimiento de la demanda. Las multas todavía se dirimen en la Justicia. En setiembre de 2007, la refinería de Dock Sud fue clausurada parcialmente por cuestiones ambientales, episodio que se cerró con un compromiso de inversión por parte de la petrolera.
En esta oportunidad, Aranguren no descartó rebajar los precios, pero cuestionó a las otras refinadoras, sobre todo a Repsol YPF por haber aceptado la disminución.
También dijo que exportar derivados ya no es negocio desde que se aplican retenciones muy altas (para las refinerías sin petróleo propio).
Agregó que las plantas refinadoras no pueden almacenar los productos que no necesita el mercado interno, como nafta tipo común y nafta virgen. Afirmó que si no se hubiera permitido exportar, las refinerías se hubieran visto obligadas a producir menos, por falta de depósitos de almacenamiento, lo que hubiera llevado a un desabastecimiento de naftas y gasoil en el mercado interno.
Aranguren, en la entrevista, también confrontó con las productoras locales de petróleo y dijo que pretendían cobrarle un precio más alto que el fijado por el gobierno. Sostuvo que con el precio interno del crudo aunque fuera de 42 dólares, no conviene exportar naftas porque la refinería se queda con 43 dólares por el producto con valor agregado, lo mismo que paga por la materia prima.
La reacción oficial, tras esas declaraciones, no parece apuntar tanto al presunto mantenimiento de los precios por parte de Shell, como al hecho de que la empresa está procesando menos crudo, lo que más tarde o más temprano va a repercutir en el mercado.
Desde las otras petroleras, también hubo comentarios adversos a la posición de Aranguren. «No nos podíamos sentar sobre los stocks y bajar la carga de la refinería, produciendo menos combustibles para el mercado interno, porque esto no es una guerra y hay que tratar de encontrar un punto de equilibrio y seguir conversando con las autoridadespara poder operar», dijo un petrolero.
Otra fuente empresaria indicó que «Shell no quiere producir con el precio del petróleo que le quieren cobrar sus proveedores, y por eso no le importa llenar los depósitos con stocks».
El endurecimiento entre el gobierno y Shell debería tener un límite. En un primer momento, los usuarios pueden volcarse a las petroleras con naftas a menor precio y no faltar producto a costa de que las otras empresas se queden con menos excedente para exportar y mayor participación del mercado.
Pero con el gasoil la situación es distinta: hoy no es el momento pico de la demanda, pero no hay demasiado sobrante. (Cuando llega la cosecha, en realidad, hay que importar para satisfacer el consumo interno).
Shell es uno de los cuatro operadores del mercado y tiene una participación global de alrededor de 15%. La capacidad de refinación que tiene el país se tiene que usar completamente casi todo el año para que el mercado esté abastecido. Por otra parte, más de 500 estaciones propiedad de terceros, dependen del combustible de esa petrolera.




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