Eduardo Duhalde recibió ayer un informe detallado sobre la negociación con el FMI. En Washington hoy podría aprobarse un acuerdo con la Argentina, ya que habrá una sesión especial con los representantes del G-7 (el grupo de las siete naciones más ricas del mundo). Quedaría para mediados de enero, cuando se reúna el directorio completo del FMI, el visto bueno final sobre este posible acuerdo. Ayer Duhalde aseguró que habrá acuerdo antes de fin de año. Más prudente fue el vocero del Fondo, que aseveró que «no hay anuncios inmediatos para realizar». Uno de los factores que puede amenazar la firma de un acuerdo es el virtual pronunciamiento de la Corte sobre la dolarización de los depósitos. A esto se suma otro obstáculo no menor: se trata de Anne Krueger (N° 2 del FMI) y su fastidio con toda la clase política argentina. Ayer la funcionaria no pudo ocultar su molestia por la posibilidad de que los representantes europeos le impongan un acuerdo que considera incumplible y un mal precedente para el resto de los países de la región.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Este vaticinio o promesa de Aznar, que intervino en la negociación abogando por el país delante de George W. Bush, se confirmó ayer en un intercambio de e-mails entre las oficinas del Fondo en Washington y el Ministerio de Economía. Esta correspondencia es la que alentó las expectativas de Duhalde y de Lavagna, y llevó a Jorge Sarghini a reiterar que «desde el punto de vista técnico, el acuerdo está cerrado».
A partir de esta novedad principal, en la oficina de Duhalde se comenzó a relativizar la potencia del episodio. Un cuarteto que integraron el Presidente; su jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof; el embajador en los Estados Unidos, Eduardo Amadeo; y el propio Lavagna analizó los percances que podrían privar al gobierno de ese final feliz. Se detuvo especialmente en la opinión recogida en una larga ronda telefónica entre los ministros de Economía de los países del G-7, cuyos representantes se reúnen hoy para definir por primera vez el caso argentino.
Según se analizó ayer en la oficina presidencial, quienes ponen más énfasis en que no debería suscribirse un acuerdo mientras esta incógnita permanece abierta son los técnicos del Fondo. Como explicó Lavagna ante el gabinete en pleno, en una «vulgata» de lo que se discutió delante de Duhalde, el FMI está atravesado por una tensión entre profesionales de línea y directivos que representan a los países del G-7. Estos son más proclives a darle un remate a la larga negociación, descontando que en algún momento habrá una solución para el «corralón», que será acordada entre el Poder Judicial y el Ejecutivo, al menos en su esquema de implementación.
Con independencia de esta disidencia, que está ligada a los distintos grados de sensibilidad política de cada grupo, Duhalde y sus ministros evaluaron ayer otro posible obstáculo al acuerdo, que tiene gravitación propia: es Anne Krueger y su fastidio con la clase política argentina. Guillermo Zocalli, representante argentino ante el Fondo, se ha convertido en una especie de psicoanalista, experto en interpretar los humores de la representante de los Estados Unidos. Ayer produjo un nuevo parte, diciendo que la Krueger ardía en llamas ante la posibilidad de que los representantes europeos y Japón le impongan un acuerdo que para ella es pernicioso por la falta de seriedad de la dirigencia local para llevar adelante cualquier tipo de compromiso. Pero Lavagna seguía apostando anoche a que los criterios de esta profesora sean desbordados en el ala política del organismo, dominada por Europa.
El acuerdo con el Fondo, si finalmente hoy se aprueba el contenido técnico de la nueva carta de intención redactada por las partes, permitiría dar una luz de esperanza a las dos instituciones multilaterales con las que la Argentina entró en cesación de pagos, el Banco Mundial y el BID. En esta última entidad se produciría una crisis importante si se incurre en default: 18% de la cartera de créditos de la entidad que preside Enrique Iglesias está destinado a la Argentina. En caso de que el incumplimiento se confirme por falta de un acuerdo con el Fondo, los títulos que emite el BID se derrumbarían en su calificación, algo inédito en la historia de esa entidad, cuyos papeles han sido siempre de gran calidad porque tiene respaldo de los Estados.
Dejá tu comentario