2 de marzo 2001 - 00:00

Deja de regir hoy el impuesto docente: la evasión llegó a 64%

Contablemente el impuesto a los automotores para el Fondo Solidario de Incentivo Docente, lanzado por el gobierno de Carlos Menem en el '99, dejó de existir definitivamente ayer. Desde marzo de 2001 el Poder Ejecutivo abonará a los maestros los aportes correspondientes a este fondo con dinero proveniente del Tesoro a partir de lo estipulado en la Ley de Presupuesto Nacional. Más allá de este dato, oficialmente termina también de regir el impuesto que puede calificarse como más ineficiente, peor pensado, recaudado y distribuido, más irritante y, por lejos, más evadido en por lo menos 10 años. En total por este impuesto se recaudaron 320 millones de pesos en toda la poca vida útil de este tributo; mucho menos de los 900 millones estimados por la creadora del impuesto, la ex ministra de Educación, Susana Decibe, en el lanzamiento de la fallida idea.

Esto quiere decir que faltaron 580 millones de pesos para completar los auspiciosos cálculos de Decibe y que la evasión llegó a 64%. Para dar una idea del balance final, según el último informe preparado por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) sobre la «economía oculta» en la Argentina, el promedio en la década de evasión (o elusión) en el IVA es de 30% y en Ganancias llega a 45%. En Bienes Personales se calcula una evasión de 50%, con lo cual 64% del tributo a los docentes fue por lejos el más evadido de los últimos años, y probablemente en los últimos 50 años. Podría ser definido, incluso, como el más evadido de la historia, pero por cuestiones de fallas de medición sobre lo que ocurría antes de la década del '50 en el sistema tributario no pueden hacerse comparaciones. Sí puede decirse que quedará en la historia como el más odiado y el que más malestar causará en la memoria de los contribuyentes que pagaron el impuesto. No sólo fue incómodo abonarlo (en algunos casos fue, incluso, imposible), sino que además nunca fue controlado ni fiscalizado por agentes impositivos o policiales. En definitiva, los que no lo pagaron voluntariamente pueden sentirse satisfechos en esta historia, ya que nunca fueron controlados y ninguna repartición pública se ocupó del tema. Legalmente ya no puede controlarse tampoco, ya que se trata de un tributo correspondiente al ejercicio '99, y sólo si un contribuyente tiene problemas en su declaración jurada de 2000 el fisco puede ir hacia ese año.

Razón contable

El fin del tributo se mide a partir de marzo de 2001 por una razón contable simple para las arcas públicas. El Ministerio de Educación que ahora dirige Hugo Juri comenzará desde este mes a pagar el monto correspondiente a este fondo de incentivo, con dinero proveniente 100% desde las arcas públicas. Hasta el año pasado, parte del fondo era todavía abonada con el dinero proveniente del pago directo de los contribuyentes. Sin embargo, el efectivo no vino totalmente desde los aportes, sino que desde 2000 el presupuesto para este fondo es de 660 millones de pesos, cifra que se repite en 2001. La diferencia anual entre los $ 320 millones recaudados y los $ 660 millones presupuestados fue pagada por las arcas públicas.

Este impuesto para el Fondo Solidario de Incentivo Docente fue instituido por Ley Nº 25.053 a fines del '98 para comenzar a aplicarse en marzo del '99 en el caso de los vehículos cero kilómetro y transferencia de unidades usadas y desde el 1 de julio del '99 para el resto de los vehículos.
Además de los autos, el tributo incluía a los camiones, camionetas, embarcaciones y aviones. Los vehículos de más de 4.000 pesos y hasta 20.000 debían tributar 1% del precio de la unidad, mientras que por más de 20.000 la alícuota llegaba a 1,5%. Por menos de 4.000 de precio, no se pagaba el impuesto.

Una vez abonado, el sufrido contribuyente recibía una oblea que debía pegar arriba a la derecha del parabrisas delantero. Pocos cumplieron, quizá por desconocimiento o quizá por resquicios de rebeldía, con esta última imposición burocrática.

A partir de julio del '99, cuando supuestamente vencía la presentación del tributo, comenzaron los cortes de rutas y los piquetes desde los sindicatos y empresarios de los camioneros que cerraban los ingresos a las principales rutas del país. Por otro lado, en la Plaza de los Dos Congresos los maestros desde la Carpa Blanca, embestían contra el gobierno porque no aceleraba el cobro y el pago del impuesto.

En el medio los contribuyentes insultaban al gobierno, a la AFIP, a Decibe y a los piqueteros por el caos. Fue lo más cercano posible a una «autocanibaliza ción», según la definición que en esos días daba el entonces ministro de Economía Roque Fernández. Mientras tanto, nadie controló el tributo e incluso comenzaron los roces entre Decibe y el ex titular de la AFIP, Carlos Silvani. La primera lo acusaba de ineficiente. El segundo criticaba el impuesto y se confesaba asegurando que «nunca quise la oblea».

Para peor, el 24 de octubre del '99 Fernando de la Rúa fue elegido presidente, y el tributo pasó al olvido general. El 10 de diciembre comenzó el gobierno de la Alianza y a los pocos días se hizo público que el Ejecutivo asumiría el costo del Fondo, con lo cual el impuesto dejó de existir. Luego se levantó la Carpa Blanca, se le perdonó la deuda a los camioneros, y el impuesto terminó su vida útil. Contablemente, el entierro definitivo y la bendición final al tributo fue ayer.

En general, si algún contribuyente no pagó el impuesto para el incentivo docente, nunca fue fiscalizado ni controlado y a los que lo pagaron sólo les queda la satisfacción de haber contribuido, aunque involuntariamente, a aliviar la mala situación de los docentes.
Igualmente los maestros, en promedio, recibieron 60 pesos más de retribuciones por cargo y dependiendo de la antigüedad.

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