Demoran llamado a campo (buscan antes cicatrizar)
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Premonitoria
obra de un
pintor moderno
sobre la
situación del
campo
argentino:
muchas nubes,
brújulas por la
necesidad de
orientación y
hasta la
bisagra, que
bien podría
interpretarse
como la unión
de todos los
productores
desde el 11 de
marzo, cuando
se anunciaron
las retenciones
móviles.
Todo se explica: la negativa del gobierno a aceptar discutir sobre la modificación de las retenciones móviles, punto que ayer ratificó elípticamente Cristina de Kirchner, podría detonar rápidamente el malestarde las entidades y, sobre todo, los autoconvocados.
En Lanús, donde encabezó un acto, la mandataria dijo que un gobierno «debe escoger aquellas medidas que sirvan para distribuir el ingreso y hacer un país más justo y equitativo». Significó, en los hechos, una defensa del régimen de retenciones.
El otro punto tórrido es el referido a los interlocutores que sentará el gobierno a la mesa de diálogo. Ayer, Néstor Roulet, uno de los dirigentes más aguerridos, envió señales de distensión al plantear que considera saludable negociar con Alberto Fernández.
El jefe de Gabinete, que piloteó la fallida conversación del viernes pasado, se comprometió a participar de todos los encuentros con las entidades. Pero Fernández aparece como el garante político: «Es como si estuviera sentada Cristina», grafican.
El ruido se produce cuando se habla del negociador técnico. Las entidades entrevén conflictos en el seno del gobierno entre el ministro de Economía, Martín Lousteau; el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza; y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
Advierten, en el campo, que hay tensiones entre esos funcionarios, disputa que esconde un tironeo sobre quién «pagará» en el futuro mediato el error en que se indujo a la Presidente al establecer un régimen de retenciones que hizo levantar a los chacareros.
Hay, quizá, un pase de facturas efecto rebote. En los últimos días, la Casa Rosada alentó la percepción de que las entidades rurales estaban divididas y que no tenían dominio de sus bases. Ahora, estas le devuelven los palos y dicen que el conflicto está dentro del gobierno.
Como gestor, Randazzo ayer trató de sobrevolar esas tensiones. «Seguramente las organizaciones del campo solicitarán una audiencia y se pondrán a charlar con las partes del gobierno que llevan adelante la operatividad de las medidas», estimó el ministro.
«Hay que esperar que baje la espuma: todavía duelen los dardos que las entidades y el gobierno se tiraron en los últimos días», argumentaban, ayer, en Balcarce 50. En silencio, en tanto, trabajaban para ordenar la negociación que podría iniciarse cuando Cristina de Kirchner esté en París.




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