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La información que emana del gobierno está filtrada para que trascienda lo que alguno de los apóstoles quiere que se diga y la versión de hechos que el gobierno quiere que se presente. Por caso, negaron que el presidente Bush haya comenzado «a cobrar» el haberle dejado «ganar» a la Argentina en la gestión del acuerdo, al requerirle mode-ración en las exigencias en la trascendental reunión de Cancún de la OMC. Sin embargo, es así.
Cuando muchos comentarios coinciden -por ejemplo, más habitual en columnistas de fin de semana-, funciona la influencia del gobierno en la difusión. En unos casos, por entregar alguna información. En otros, porque los medios son amanuenses del oficialismo.
Si se quiere, es comprensible: para Kirchner casi es tan importante acordar con el Fondo, aunque sea sólo por 12 meses, como mantener la imagen presidencial en el frente interno. De esa imagen de fuerte más que de lo institucional, que dominan otros, depende la ejecutividad presidencial.
La solución con el Fondo puede llevar a nuevos sacudones internos fuertes si entre las condiciones de la firma llega a estar hasta llevar soldados argentinos a Irak.
Entendamos también que el tercer default argentino ocurrido, aunque más no sea por 48 horas, es muy grave aunque también se lo quiera disimular. Pesará siempre en el «sumario» argentino para cualquier gestión futura, como no se olvida el que declaró Adolfo Rodríguez Saá en diciembre del año 2001 con acreedores privados en medio de la algarabía deplorable de miembros de nuestro Congreso (se está haciendo, dicho sea de paso, un estudio sobre videos de quienes más se alborozaron de pie en aquella jornada de vergüenza nacional).
Tampoco se olvida el default, breve, de Eduardo Duhalde con el Banco Mundial y no se olvidará, aunque haya quedado superado rápidamente, éste de Néstor Kirchner con el Fondo Monetario. Igualmente marcará a Lavagna, sin relieve en la decisiva fase final de este acuerdo acotado, cuya continuidad como ministro se fundamenta más en el deseo de Eduardo Duhalde que en el del actual presidente de la Nación aunque le pidió la permanencia pero, como se dice en economía, en un «punto de indiferencia» en cuanto a que se quede o se vaya. Sobre todo a partir de que el remate oficial confirmatorio del acuerdo por parte de funcionarios del Fondo le llegó al Presidente vía el titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, con quien pidió dialogar Anne Krueger, vicepresidenta del Fondo, que se niega a conversaciones con Lavagna más no sea para una ratificación de lo acordado en niveles más altos que ella.
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