Luego de la aceptación de las AFJP, el equipo económico buscará convencer a un mayor grupo de bonistas para que acepten la oferta para salir del default. El blanco principal serán, a partir de ahora, los pequeños inversores -casi 800.000-, que inclinarán la balanza entre el fracaso y el éxito de la renegociación. La apuesta pasa por privilegiar la entrega de nuevos bonos sin quita de capital a este grupo. Cada bonista tendrá prioridad para suscribir un cupo máximo de 50.000 dólares de bonos a la Par, lo que excluye de esta posibilidad automáticamente a cualquier fondo de inversión institucional, desde AFJP hasta fondos buitre que operan en el exterior. Los pequeños bonistas italianos tienen, por ejemplo, 14.500 millones de bonos en default y ya anunciaron que no aceptan quitas de capital. Habrá que ver ahora si aprueban un título que respeta 100% de lo invertido, pero con devolución en 35 años. Los grandes inversores estarán obligados, en cambio, a suscribir bonos Discount, con fuertes descuentos de capital nominal, pero plazos más breves de repago y tasas de interés más altas. Con estos retoques, el gobierno espera superar 70% de aceptación de la oferta, aunque podría conseguirlo más por hartazgo de los inversores y por la escasa posibilidad de cobrarle al Estado a través de juicios, que por el anzuelo que pueda incluir la oferta.
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Estos detalles (y otros) de la presentación que se realizará ante las autoridades regulatorias de Estados Unidos se estuvieron puliendo en el Ministerio de Economía durante el feriado de ayer.
La participación de estos grupos de acreedores es vital para conseguir no menos de 70% de aceptación o incluso arrimarse a 80%. En cambio, si las respuestas son en su mayoría negativas las posibilidades de éxito se reducen notoriamente.
Tal como está siendo estructurada, los tres bonos que emitirá el gobierno para reemplazar a la deuda en default (unos 152 bonos) serán distribuidos de la siguiente manera:
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