29 de noviembre 2000 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El periodista dialoga con un experimentado operador de Bolsa estadounidense --personificado en Gordon Gekko, el protagonista de la película «Wall Street»- sobre el futuro de las acciones tecnológicas y el desapercibido boom de un grupo de papeles de la «vieja economía». Veamos.)

PERIODISTA: Cada vez que hablamos, el tema es el mismo. ¿Qué pasa con el NASDAQ?
Gordon Gekko:
Si retuviera 10% de la convicción que lo llevó a superar los 5.000 puntos, el Nasdaq -a estos precios-debería encontrar un piso. Como ve, la vieja máxima -«toda baja es una oportunidad de compra»- que funcionó sin mella durante tanto tiempo en Wall Street está siendo abandonada con rapidez.

P.: ¿Hasta cuándo podrá el Dow Jones navegar sobre los 10 mil puntos con un NASDAQ que se evapora día tras día?


G.G.:
Difícil decir. Está claro que el que vende tecnológicas, más que retirarse de la Bolsa busca cambiar el perfil de sus acciones.

P.: No huye, rota...

G.G.: Tiene que entender que en los últimos dieciocho años en los Estados Unidos ha sido muy difícil perder dinero si Usted lo mantuvo invertido en una canasta amplia de acciones. La única clave ha sido no asustarse cuando tocó sobrellevar las breves tormentas ocasionales.

P.: A esta altura la debacle del NASDAQ excede lo que uno bautizaría como un ocasional chaparrón.


G.G.: Octubre '87; la crisis de la Guerra del Golfo; octubre '98 tras la moratoria rusa. Esos han sido los tres episodios críticos desde 1982. Todos ellos --invariablemente-muchos más breves que la sangría actual. Cuando Usted se dio cuenta del problema, lo peor ya había ocurrido. Esa fue la regla general. Los dos octubre fueron tan rápidos que mucha gente se resiste a colgarles el rótulo de bear markets.

P.: En cambio, el NASDAQ entró en la trituradora en marzo. Hizo mínimos en abril y mayo y repuntó. Sólo para caer de nuevo y marcar nuevos pisos en octubre y luego noviembre y sin dar señales todavía de recuperación.


G.G.:
Pero en los tres casos que les cité el mercado cayó 20% en forma amplia, gene-ralizada. Hoy en día la merma es superior a 45% en el NASDAQ pero el mercado en su conjunto no ha llegado aún a retroceder más de 12/13%. Aún le falta. Desde el primer día le apunté que estábamos ante un animal diferente, difícil de manejar porque no se parece en nada a aquél con el que el inversor norteamericano ha tenido que lidiar en los últimos 18 años. Esto no es una carrera de 100 metros sino un maratón.

P.: Con más razón entonces. No deberíamos ver ya una fuerte salida de capitales desde la Bolsa hacia destinos más apacibles.


G.G.:
El inversor norteamericano parece pensar que un mercado bajista es algo que sucede sólo en el extranjero. En fin: todo llega -y el pánico suele arribar pronto sin necesidad de que lo llamen-pero por ahora la tónica que prevalece es reducir la exposición en tecnología y acrecentarla en sectores tradicionalmente defensivos como pueden ser acciones farmacéuticas o empresas maduras que prestan servicios públicos.

P.: Las llamadas utilities.

G.G.: Con una suba de 40% en el año -si toma como referencia a la cesta de 15 papeles que conforman el índice respectivo del Dow Jones-esta no ha sido una decisión desacertada. Mire las acciones farmacéuticas, las de tabaco, las vinculadas a la atención de la salud y verá que allí hay un bull market en ebullición, paralelo -contemporáneo-a la destrucción del NASDAQ. Empresas que proveen electricidad o gas hacen punta.

P.: ¡Qué paradoja! Del boom de Internet y fibra óptica a unas historias tan poco excitantes.


G.G.:
Lo que mejor funciona hoy en día en Wall Street son negocios que Usted hubiera podido gerenciar en el siglo XIX. ¿No es un giro increíble? Nada de clicks, de ciberespacio, de tecnología deslumbrante. Ladrillos. Cemento y ladrillos. Las empresas de construcción han trepado más de 50 por ciento.

P.: ¿Tiene sentido?

G.G.: Tenía.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.: Cuando a comienzos de marzo el debate era acciones de la nueva economía versus papeles de la vieja economía, tenía muchísimo sentido. La valuación de casi todo lo que no fuera tecnología o biotecnología se derretía rápidamente. Muchos de estos negocios estaban alejándose cada vez más del favor de los inversores. Pero el cambio de actitud ha sido tan rápido como contundente. Es difícil a mi juicio basar hoy en día una recomendación de tomar posición en estos papeles amparándose en su valuación, en que estén baratos. Hablo de muy buenas compañías pero que ya comienzan a parecer caras. Y si la gente decide dejar de rotar y directamente salir de la Bolsa pueden tornarse excesivamente caras con rapidez.

P.: ¿Como cuáles?

G.G.: Tome un emblema. Echele un vistazo a Merck, la empresa farmacéutica. Inobjetable. Un blue chip, no caben dudas. Y además reputado como un beneficiario -como sus pares del sector-de un triunfo presidencial de George Bush Jr. O sea que su performance se potencia por partida doble. En 92 dólares y fracción cotiza en su nivel histórico más alto. Este año tocó un mínimo de 52 dólares. La misma compañía, Usted entenderá que es un transatlántico que no cambia de curso de buenas a primeras.

P.: De 52 a 92 dólares es un viaje interesante.


G.G.:
Usted ya está pagan-do 32 veces las ganancias del año 2000. En esencia toda la suba de la relación de precioganancias fue una suba de precios. Ha sido una esponja absorbiendo el cambio de composición de portafolios provocado por la reducción en la asignación de acciones tecnológicas. Mi impresión es que cuando ese cambio cese, y se frene la corriente que busca un refugio, también cesará la apreciación del papel. Sólo falta declarar la victoria de Bush para cantar bingo. Creo que uno puede pecar por prematuro. El momemtum hoy por hoy es muy fuerte pero también lo era hace unos meses en tecnología. Si Usted no aprende esa lección estará condenado a repetirla.

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