Diálogos en Wall Street
(El periodista dialoga con un experimentado operador de Bolsa estadounidense --personificado en Gordon Gekko, el protagonista de la película «Wall Street»- sobre el futuro de las acciones tecnológicas y el desapercibido boom de un grupo de papeles de la «vieja economía». Veamos.)
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Boom exportador y efecto "aspiradora": la economía crece, pero no derrama
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Plazo fijo complicado: cuánto hay que invertir para generar una ganancia de $50.000 en 30 días
Gordon Gekko: Si retuviera 10% de la convicción que lo llevó a superar los 5.000 puntos, el Nasdaq -a estos precios-debería encontrar un piso. Como ve, la vieja máxima -«toda baja es una oportunidad de compra»- que funcionó sin mella durante tanto tiempo en Wall Street está siendo abandonada con rapidez.
P.: ¿Hasta cuándo podrá el Dow Jones navegar sobre los 10 mil puntos con un NASDAQ que se evapora día tras día?
G.G.: Difícil decir. Está claro que el que vende tecnológicas, más que retirarse de la Bolsa busca cambiar el perfil de sus acciones.
P.: No huye, rota...
P.: A esta altura la debacle del NASDAQ excede lo que uno bautizaría como un ocasional chaparrón.
G.G.: Octubre '87; la crisis de la Guerra del Golfo; octubre '98 tras la moratoria rusa. Esos han sido los tres episodios críticos desde 1982. Todos ellos --invariablemente-muchos más breves que la sangría actual. Cuando Usted se dio cuenta del problema, lo peor ya había ocurrido. Esa fue la regla general. Los dos octubre fueron tan rápidos que mucha gente se resiste a colgarles el rótulo de bear markets.
P.: En cambio, el NASDAQ entró en la trituradora en marzo. Hizo mínimos en abril y mayo y repuntó. Sólo para caer de nuevo y marcar nuevos pisos en octubre y luego noviembre y sin dar señales todavía de recuperación.
G.G.: Pero en los tres casos que les cité el mercado cayó 20% en forma amplia, gene-ralizada. Hoy en día la merma es superior a 45% en el NASDAQ pero el mercado en su conjunto no ha llegado aún a retroceder más de 12/13%. Aún le falta. Desde el primer día le apunté que estábamos ante un animal diferente, difícil de manejar porque no se parece en nada a aquél con el que el inversor norteamericano ha tenido que lidiar en los últimos 18 años. Esto no es una carrera de 100 metros sino un maratón.
P.: Con más razón entonces. No deberíamos ver ya una fuerte salida de capitales desde la Bolsa hacia destinos más apacibles.
G.G.: El inversor norteamericano parece pensar que un mercado bajista es algo que sucede sólo en el extranjero. En fin: todo llega -y el pánico suele arribar pronto sin necesidad de que lo llamen-pero por ahora la tónica que prevalece es reducir la exposición en tecnología y acrecentarla en sectores tradicionalmente defensivos como pueden ser acciones farmacéuticas o empresas maduras que prestan servicios públicos.
P.: Las llamadas utilities.
P.: ¡Qué paradoja! Del boom de Internet y fibra óptica a unas historias tan poco excitantes.
G.G.: Lo que mejor funciona hoy en día en Wall Street son negocios que Usted hubiera podido gerenciar en el siglo XIX. ¿No es un giro increíble? Nada de clicks, de ciberespacio, de tecnología deslumbrante. Ladrillos. Cemento y ladrillos. Las empresas de construcción han trepado más de 50 por ciento.
P.: ¿Tiene sentido?
P.: ¿Cómo es eso?
P.: ¿Como cuáles?
P.: De 52 a 92 dólares es un viaje interesante.
G.G.: Usted ya está pagan-do 32 veces las ganancias del año 2000. En esencia toda la suba de la relación de precioganancias fue una suba de precios. Ha sido una esponja absorbiendo el cambio de composición de portafolios provocado por la reducción en la asignación de acciones tecnológicas. Mi impresión es que cuando ese cambio cese, y se frene la corriente que busca un refugio, también cesará la apreciación del papel. Sólo falta declarar la victoria de Bush para cantar bingo. Creo que uno puede pecar por prematuro. El momemtum hoy por hoy es muy fuerte pero también lo era hace unos meses en tecnología. Si Usted no aprende esa lección estará condenado a repetirla.


