23 de agosto 2002 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo identifica como Gordon Gekko en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es la ayuda del FMI a Brasil y Uruguay, lo que implicó un cambio en la dura posición de Paul O'Neill, secretario del Tesoro de Estados Unidos.)

PERIODISTA: ¿Qué pasa con Brasil? El Fondo Monetario abrió su billetera con una generosidad que se creía cosa del pasado y, sin embargo, la crisis se niega a replegarse...


Gordon Gekko:
No es un patrón inusual. Menos para una crisis que recién comienza.

P.: No deja de llamarme la atención...


G.G.:
Rara vez, diría nunca, la asistencia del Fondo marcó el final de las vicisitudes. Haga memoria...

P.: Tiene razón. Pero podría pensarse la intervención del FMI como el comienzo de una solución. Empero, un riesgo-país encaramado en los 2.000 puntos denota un enorme escepticismo.


G.G.:
Los rescates a Rusia en 1998 y a la Argentina en 2000 y 2001 recuerdan que los salvamentos del FMI (a diferencia de los que solía comandar Alan Greenspan en Wall Street) han sido siempre de carácter azaroso y sin resultados garantizados de antemano.

P.: Un momento ¿No es una señal importantísima que el FMI conceda un préstamo de 30 mil millones de dólares a Brasil después de todo lo que se dijo y se escribió sobre la conveniencia de abandonar los programas de rescate masivo?


G.G.:
Lo es. «De vuelta a los rescates» escribió con notable acidez Allan Meltzer en el «Wall Street Journal» tras el anuncio del préstamo del Tesoro al Uruguay. O sea que hay un costo político que pagar por el súbito viraje de actitud. Y la Administración Bush -con el secretario O'Neill a la cabeza- se ha hecho cargo de la factura.

P.: El republicano Meltzer habla de un punto de inflexión. La política de negligencia benigna ha tenido una «corta vida», dice, y ahora el Fondo y la Tesorería han vuelto a galopar en auxilio de las economías en dificultades...


G.G.:
Es una bonita descripción. Pero ¿acaso no sucedió lo mismo en agosto del año pasado cuando el FMI -con el aval norteamericano- le concedió 5 mil millones de dólares «cash» a la Argentina a cambio de la promesa del déficit cero de Cavallo y De la Rúa?

P.: Sí.

G.G.: Y, sin embargo, la política de fondo no había variado. No había un retorno a la estrategia de «bail outs» (rescates) aunque eso parecía. En perspectiva, se trató sólo de una prórroga. Conveniente en términos de relaciones públicas. Fue el incumplimiento de esa promesa por parte de las autoridades argentinas lo que permitió desconectar el respirador en diciembre (¿Se acuerda del giro esperado de 1.200 millones?) sin un dejo de culpa.

P.: ¿Cree que esta vez la estrategia es similar? Que Brasil -al final del día- será librado a su suerte...


G.G.:
No soy yo quien lo cree. El paquete se conoció el 7 de agosto y casi dos semanas después la deuda aún cotiza a un «spread» de 20 puntos de tasa. Desde ya que el mercado revela que existe, por lo menos, un gran interrogante.

P.: ¿Qué cree usted?

G.G.: Hoy por hoy Brasil no se cae. Pero yo diría que hay que pensar la crisis brasileña, como en su momento la argentina, es decir, como un gran maratón y no como un «sprint» de 100 metros. Todos los «sprints» los va a ganar Arminio Fraga -todas las escaramuzas- pero esta puja no cederá; es una carrera de resistencia. La Argentina era un emblema en 1998 tanto antes como luego del colapso ruso. Dieciocho meses después era un caso delicado. Y un año más tarde, apenas el blanco indefenso del tiro al pichón. No importa tanto la velocidad como el «fondo», el «aire»; no hay que quedarse sin piernas... ni sin apoyos.

P.: Los apoyos que cosecha Brasil son importantes.


G.G.:
Sí, pero, como ya le dije, en rigor, la crisis brasileña recién empieza. Y, públicamente, las aguas ya están divididas. Cuando en marzo nadie planteaba que Brasil fuera un caso potencial de default.

P.: Los apoyos son más sólidos que los que supo concitar la Argentina...


G.G.:
La historia se escribe de adelante hacia atrás y con el resultado en la mano. No lo olvide. Nadie llevó a Cardoso a explicar el programa brasileño a la Asamblea Conjunta del FMI y del Banco Mundial. Y sin embargo la Argentina ocupó esa agenda en setiembre de 1998. Usted no lo adivinaría si sólo escucha o lee lo que se dice hoy de toda la experiencia de los noventa.

P.: Si me permite la comparación: la crisis no es sólo un maratón, también es una carrera de postas. A fin de año Cardoso y, probablemente, Fraga deberán pasarle el testimonio a quienes triunfen en la elección presidencial...


G.G.:
Definición que no conoceremos casi hasta diciembre (tras una más que probable segunda vuelta electoral). Ese elemento basta para garantizar la extensión de la incertidumbre.

P.: ¿Cuál es el lado vulnerable de Brasil?


G.G.:
¿Cómo se frena la salida de capitales? ¿Cómo se detiene la corrosión que trae aparejado un lapso prolongado de incertidumbre? Fíjese que la virulencia de la infección supera a lo que experimentó la Argentina. El riesgo-país orilla los dos mil puntos con un Arminio Fraga impecable y antes de que los bancos pierdan depósitos y la economía entre en recesión. Por último ¿Cómo se maneja una crisis cuando el control de capitales o de cambios es una herramienta válida que se puede usar con el beneplácito de la comunidad internacional?

P.: Es un problema de coordinación como el que se verifica en ocasión de una corrida bancaria...


G.G.:
Correcto. Paul O'Neill ha desplegado la billetera del FMI como lo hacía el secretario Bob Rubin. Pero Rubin (o su segundo Summers) también ejercieron presión sobre el sector privado internacional -en situaciones clave- para que no retirara los pies del plato...

P.: ¿En qué casos?

G.G.: Se hizo en Corea del Sur por primera vez. Allí los grandes bancos internacionales asumieron -a regañadientes- el compromiso de renovar los vencimientos del primer trimestre de 1998 hasta principios de abril. Luego la crisis se moderó y la renovación resultó más bien «voluntaria». La misma suerte de presión se ejerció sobre los bancos con exposición en Brasil en 1999. Ese elemento está ausente hoy. Está reñido con el ideario de O'Neill. Pero si una vez más prevaleciera el pragmatismo, la ausencia de un compromiso firme por parte de los potenciales ganadores de la próxima elección sería un obstáculo igualmente difícil de salvar.

Dejá tu comentario

Te puede interesar