Eduardo Duhalde expuso la decisión ante Horst Köhler, el director gerente del Fondo Monetario Internacional, en estos términos: «Usted sabe que, si no hay acuerdo, yo no puedo tocar las reservas para pagar los compromisos con los organismos multilaterales. Si lo hiciera, dejaría una situación muy vulnerable a mi sucesor, sometido al riesgo de la hiperinflación». Cuenta Duhalde con una ventaja, aunque sea ficticia: las sanciones por este default se retrasan en el tiempo y caerán seguramente sobre el futuro gobierno. Otro hueco en el legado del gobierno. Anne Krueger, quien advirtió la semana pasada que esa conducta aislaría más a la Argentina en el futuro, pareció haberse resignado a lo inevitable ayer: «La cesación de pagos con los organismos no es un tema importante, hay varios países que están en esa situación» (la mayoría son países africanos sumergidos en la pobreza). Es posible que, más que justificar a la Argentina, la funcionaria esté cubriendo al propio Fondo por la marcha de la negociación, días antes de la asamblea anual del organismo. Desde esa conversación con Köhler, en el Fondo están avisados formalmente de que la Argentina sólo saldará cuentas menores con las instituciones multilaterales de crédito pero que, de no haber una reprogramación, no cumplirá con los fuertes compromisos con el Banco Mundial y el BID, que vencen en octubre. Desde esos dos organismos se le advirtió al Ministerio de Economía que es imposible postergar vencimientos si no se firmó un acuerdo con el Fondo y desde el propio gobierno se contestó: «Ya lo sabemos pero no nos quedemos en limitaciones reglamentarias, imaginemos una solución». Lo mismo que se le dijo a Köhler en Presidencia. El vencimiento más importante con el Banco Mundial es de u$s 899 millones y tiene por último límite la primera semana de noviembre. Coincide con la primera evaluación sobre el canje de depósitos del «corralón» por bonos que lanzó el gobierno. Mientras tanto, el gobierno comenzará hoy a negociar un acuerdo parlamentario y federal a sugerencia de Köhler. Roberto Lavagna aspira a llevar a la asamblea del Fondo, el jueves, un borrador de cronograma parlamentario para resolver las principales normas que demandaría un programa aceptable (juicio a la Corte, CER, aprobación de ajustes tarifarios, etcétera). Demasiado tarde para desmentir lo que los principales funcionarios del Fondo se encargaron de definir en forma pública los últimos días, como preludio de la asamblea de este fin de semana: que si no se llegó a un acuerdo con la Argentina es por exclusiva culpa de los argentinos.
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Los dólares que utilizará el Tesoro argentino para cumplir con estos pagos tendrán tres destinos: u$s 96,8 millones al FMI (corresponden a una línea que no ingresó en la reprogramación ya definida para setiembre), u$s 170 millones al Banco Mundial y otros u$s 62 millones al Banco Interamericano de Desarrollo.
Las reservas actuales del Banco Central ascienden a u$s 9.500 millones, pero bajarían a unos u$s 9.170 millones tras los pagos que se efectuarán hasta fin de mes.
Oficialmente, en Economía prefieren no dar demasiadas precisiones
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