ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

31 de marzo 2006 - 00:00

Discordia en clan Moyano es hoy la clave salarial

ver más
A diferencia de lo que sucede en otros campos de la vida pública, en el sindicalismo no suelen constituirse dinastías familiares. No hay herederos. Razones, pueden suponerse varias. La principal es que los hijos de los gremialistas argentinos suelen continuar a sus progenitores en otras actividades, generalmente más rentables. No en aquella que dio origen a la fortuna. Por eso son pocos los casos en los que un apellido se prolonga en una organización obrera a lo largo del tiempo: los Santa María, José y Víctor, en el gremio de los encargados de edificio; los Valle, Ramón y Fabián, ya retirados en el Seguro; no muchos más. Una de estas filiaciones sindicales se ha convertido hoy en la clave de bóveda de la puja salarial en la Argentina. Es la que vincula a los Moyano, Hugo y Pablo. Uno es el secretario general del Sindicato de Choferes de Camiones y conductor actual de la CGT. El otro, su hijo, figura como protesorero de la misma entidad.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Hasta hace poco, Hugo y Pablo mantuvieron una relación armónica a pesar de que ambos suelen presentar algunos «problemas de conducta», como decían los antiguos pedagogos. En todo caso, si había alguna disidencia molesta, intervenía Jorge Silva, «álter ego» del secretario general, quien siempre ejerció una especie de tutoría sobre el hijo. Este otro gremialista, desde la Secretaría Adjunta de los camioneros, se cansó de mediar, encauzar, contener a «Pablito» en la relación con su papá.

Este orden se quebró un par de años atrás. Razones familiares, la aparición de personas que, a diferencia de Silva, en vez de armonizar dividieron, peleas entre Moyano y sus hijas -quienes abandonaron sin muchas explicaciones la obra social, donde trabajaban-, alineamientos internos de Pablo que no están referidos a la vida sindical. Como suele suceder entre los empresarios, tampoco entre gremialistas es fácil proyectar relaciones familiares a la vida profesional. Claro, no siempre estas divergencias y conflictos terminan afectando la economía y el gobierno de un país.

En el caso de los Moyano es lo que podría suceder si no se logra un entendimiento más o menos rápido. El motivo es más fácil de explicar que de creer. El entredicho familiar entre el secretario general de los camioneros y su hijo hace que hoy en ese sindicato no exista una política uniforme respecto de la reivindicación salarial del sector. Si fuera por Hugo, los choferes de cargas deberían reclamar no más de 15%. Es lo pactado por el jefe de la CGT con Néstor Kirchner. En cambio Moyano Jr. se cansa de decir que no desistirá del 28% de reivindicación salarial. El miércoles pasado alertó que, como los empresarios no propusieron incremento alguno, comenzará un período de alerta y trabajo a reglamento antes de lanzar una medida de fuerza.

  • Inaceptable

  • La hipótesis de que Pablo Moyano esté fingiendo desobediencia y que su reclamo esté congeniado con su papá debajo de la mesa -tan verosímil hasta hace uno días- se está volviendo inaceptable. El hijo del secretario general de la CGT ya anunció que en 10 años su padre tendrá las pantuflas puestas y que él lo heredará en la secretaría general del Sindicato. También ha dicho que más que obedecer a su padre se debe a «las bases» y de hecho, desde hace tiempo, detenta el control del Sindicato mientras su progenitor está dedicado a la CGT. Anteayer le llegó la respuesta: «Pablito» fue a la central obrera para agasajar a los representantes de organizaciones internacionales de trabajadores que visitaron la Argentina. Subió hasta el quinto piso, intentó ingresar al despacho en que su padre estaba reunido con esos colegas extranjeros pero dos «pecetos» se lo impidieron. El pro tesorero e hijo debió recluirse en un balcón de la sede de Azopardo 802 junto a una barrita de amigos para pasar el rato y disimular el desaire de su propio padre.

    Que estos entredichos están pasando más allá de lo aconsejable es algo que captó magistralmente el «padrino» Silva. Desde hace un tiempo ya no se lo ve con «Pablito». «Cuestiones de familia, cambios de vida, mejor no meterse» habrá pensado. Es difícil, sin embargo, que Kirchner tenga la misma percepción. El Presidente se cansó de obsequiar a Moyano con la intención de que el camionero, que está en condiciones de generar un cortocircuito de proporciones con tres decenas de vehículos, garantice la «paz social» durante su mandato. Además, por ser el secretario general de la CGT, sus pretensiones podrían convertirse en la unidad de medida de toda la discusión salarial. Por eso el Presidente le dio el oro y el moro al papá de Pablo: la administración de subsidios millonarios para el sector del Transporte; la subsecretaría de esa área -controlada por otro sindicalista camionero, Jorge González-; la administración de la «caja» gremial desde la que se financian las prestaciones médicas de alta complejidad -en manos del abogado de Camioneros, Juan Rinaldi-; exenciones impositivas para las empresas que contraten con el gremio del jefe de la CGT; la presidencia de la Comisión de Trabajo de Diputados en la persona de Héctor Recalde, etc. Habría que apostar a que Kirchner no le cedió semejantes resortes de poder y de dinero al jefe camionero para que, en el momento en que necesita controlar una espiral inflacionaria por la vía salarial, el secretario general le diga: «Lo lamento pero el gremio lo controla mi hijo; debería habértelo avisado antes». Sería un papelón para el Presidente haber conseguido, con mucho menos costo, que las empresas privatizadas, los supermercados, los productores de alimentos y hasta los criadores de ganado regulen sus precios en beneficio del gobierno y no alcanzar el mismo objetivo -ahora el precio es el salario-, con quien le ha quitado más de lo que él estuvo dispuesto a darle a nadie en su vida.

    Sea como fuere, la Casa Rosada depende de que hoy reine nuevamente la paz en la familia Moyano. De lo contrario, el pacto entre el secretario general de la CGT y el gobierno quedaría roto. O, lo que es menos probable, Kirchner terminará acordando con Pablo Moyano dejando de lado a Hugo, quien anticiparía así forzosamente la jubilación que le prometieron en casa.

    El titular del sindicato no parece, sin embargo, demasiado desvelado por estas eventualidades. Se lo ve inquieto en su afán de siempre: acumular poder. En este caso, descubrió una veta municipal insospechada. La semana pasada, reunido con el nuevo jefe de Gobierno, Jorge Telerman, Moyano se llevó la promesa de que le crearán una subsecretaría de trabajo para que ubique en ella al abogado Roberto Arias, otro de los letrados que presta servicios en el sindicato. Será el Rinaldi o el Recalde de la comuna. Acaso su última conquista si no resuelve pronto el entredicho con su díscolo heredero, tarea para la cual no alcanzarán tantos abogados.

    Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias